VIVIR CON O SIN FIBROMIALGIA. PERO VIVIR.

Hace tiempo que no comparto alguna de mis experiencias que la vida me ha dado con la fibromialgia. Y hoy lo voy a hacer, pero no para que penséis con tristeza o sintiendo mi estado, no. Lo hago por dos motivos.

1_ Compartir con mis compañeras y compañeros de esta enfermedad nos ayuda a sentirnos de alguna manera reconfortados dentro de lo malo. Apoyadosy comprendidos.

2_ Para que tú que estás sana o sano te des cuenta de lo afortunada o afortunado que eres, ¡deja de quejarte y vive! Vive hoy porque es lo que tienes, haz las cosas ahora porque es lo único que existe. Como bien dice el dicho, no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Y yo añado, no vaya a ser que ese mañana lo tengas tan jodido que no puedas ni levantarte de una cama.

Un abrazo, cuidaos.

ATAQUE INFERNAL

Hoy he vuelto al pánico, el dolor más agudo me ha hecho tambalear. Es complicado expresar con otras palabras mi noche agónica, terrible, infernal, no había ni una sola postura en la cama dónde no me doliera algo. Por momentos pensé que dormía sobre una tabla de clavos, pero con las puntas apuntando hacia mi cuerpo. No recuerdo la hora, me he tenido que sentar tratando de con algún estiramiento recolocar todos mis músculos. Los tendones del cuello estaban tan rígidos que he ido a moverlo y me ha dado tal crujido que me he quedado quieta. Solo me han funcionado mis ojos para llenarse de lágrimas. He hecho las respiraciones pertinentes, tratando de tranquilizarme.

La noche, una más, aunque distinta a la mayoría, noche en máxima soledad rodeada por el silencio tan maravilloso que me regala este confinamiento, y que disfruto cada minuto en que el insomnio se ha convertido en cruel protagonista. Tras un rato controlando la respiración he notado que me empezaba a bajar la ansiedad que se había apoderado de mí. Tras un suspiro he vuelto a acostarme, y gracias a ese silencio, al apoyar el hombro sobre la cama se ha roto la paz de mi habitación y de mi calma, un crujido acompañado por un mareo ha sido tan intenso que pensé se me había salido el hombro. He cerrado los ojos ante el dolor, y por mi cabeza ha vuelto a pasar ese pensamiento de YO NO PUEDO NI QUIERO VIVIR ASÍ.

Aquí se ha desatado una lucha feroz entre tranquilizarme o asustarme más, al final, con una gran dificultad hasta para tragar, he girado mi cuerpo lentamente quedando hacia arriba acompañada por más crujidos repartidos por cuello, hombros, espalda, abductores. Desde esta perspectiva veo reflejadas en el techo las luces de la calle que entran por mi ventana, se proyectan entre luces y sombras que representan tan bien como me siento. La parte de luz que quiere seguir hacia delante a pesar del dolor, contrasta con esa oscuridad que esta noche ha sido protagonista queriéndome arrastrar gritándome que esta es la vida que me espera, rota y repeta de dolor. Inservible para vivir una vida digna. Cansada, agobiada, hundida, sin fuerzas, sin ánimo. Y por mucho que trato de recomponerme, la oscuridad vence. Los codos, ¡ay, los codos!, soy incapaz de apoyarlos sobre el colchón, el simple roce me hace quejarme amargamente, noto los tendones de mis brazos rígidos como si fueran cuerdas de un arpa. Me altero y entonces llegan los espasmos, comienzan por las piernas, se mueven solas saltan sobre colchón, los nervios crecen porque es una sensación muy molesta, y entonces aparecen también en los brazos. Ellos se mueven como si me dieran una descarga eléctrica, un, dos, tres segundos. Quiero coger el móvil que está en mi mesita pero es imposible mover los brazos, necesito conectar la relajación porque noto que la oscuridad sigue haciéndome prisionera y me estoy ahogando. La cabeza también ha decidido unirse a la fiesta de moverse sola, se levanta de la almohada un segundo, quizá dos. ¡Esta sensación es la más desagradable para mí! No puedo controlar estos movimientos y en ese momento las lágrimas salen ya solas. Me cuesta un mundo moverme porque el dolor en mi omóplato izquierdo me impide hasta respirar, algo se clava ahí provocando otra vez el dolor agudo. Algo afiliado que me desgarra. La angustia en este punto ya es incontrolable, y lo sé, sé que he perdido. Cuando por fin tras tratar de aguantar unos minutos de lado, consigo despegar mi cuerpo del colchón, alcanzó el teléfono, son las 3:45 de la madrugada, si cuento que la noche anterior no dormí nada llevo un sinfín de horas despierta.

Me duele la cabeza, y noto otra vez como mis palpitaciones van aumentando. Finalmente, conectó mi meditación, como me dijo Lourdes, los delfines me ayudarán. Pero el dolor de esta noche a pesar de haberme tomado la medicación, es inhumano. ¡Y llevo tres noches y dos días así! En este momento de la madrugada llega a mi mente la voz de mi abuela Pepa cuando le decía a mi abuela Conchín… que Dios no nos dé a pasar todo lo que podemos soportar…

Tengo miedo, mucho miedo, miedo a que mi vida sea siempre así, mi futuro sea como mi presente de hoy. Los espasmos de la cabeza y brazos parece que han ido calmándose no así las piernas que de vez en cuando me asustan. Ese terror lo ha debido de notar él, ha llegado hasta mi almohada y se ha acurrucado conmigo, es Shiva, mi gato. Su presencia, su suspiro y su ronronear delicado han logrado sacarme del círculo de mi pensamiento. Al salir de ese circulo que me ahoga, suspiro suavemente porque el omóplato sigue insistiendo con sus pinchazos, y mi mente se abre provocando que lleguen a mí un montón de palabras de gente que no conozco, pero somos compañeras, que nos animamos conjuntamente, unos días son ellas, otros yo. Son compañeras de dolor, sufrimiento, angustia, pero también de aliento, apoyo, espejo y me siento menos sola, menos sombra y mas luz. Trato de eliminar, suprimir, borrar de mi cabeza esas palabras… siempre será así… Busco mi fuerza dentro de mí para decirme… calma, calma, calma. Y comienzo a inspirar, expirar. Otra vez, y otra más. Me llegan los pinchazos en los pies, las piernas vuelven a saltar, pero sigo insistiendo… calma, duele sí, pero calma.

Y como una linterna rompe, traspasa la oscuridad, ha llegado mi gato para rescatarme para mostrarme el camino por el cual caminar y encontrar nuevamente el equilibrio.

Aún duele, y sé que dolerá. Otra más y llegarán mil más como esta noche, en la que he vuelto a caer en el pozo de la amargura para darme cuenta que sí, estoy enferma, sin embargo quiero continuar viviendo, respirando, sonriendo. Intentando que la fibromialgia no se alimente de mis emociones, que un día le dejaré que gane ella, pero cien ganaré yo. Y este pensamiento aún sintiendo un dolor insoportable me ayuda a volver a la luz desde la más pesada oscuridad.

Gracias por rescatarme, Shiva.

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