VISITA A LA PROTECTORA MODEPRAN

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Ayer sabía que lo iba a pasar mal, podía imaginar por lo leído en la prensa o en el Facebook de la protectora que la situación era mala. Fui todo el camino mentalizándome que lo que iba a ver, me iba a tocar el corazón. Pero no imaginé que mis pensamientos podían quedarse tan cortos.

Llegué a las instalaciones y, tal como entré, me quedé clavada en medio de una especie de patio donde a la izquierda habían unas jaulas repletas de perros grandes, a la derecha lo mismo y, a cada dos pasos, un perro en una caseta. Todos ladrando, pendientes de los voluntarios que van para darles un paseo. Y yo allí sin poder reaccionar, mirando alrededor y sintiendo una pena absoluta. En ese momento las palabras de una voluntaria que dijo en un periódico llegaron a mi mente, a pesar del cariño con el que les tratan, a pesar de estar pendientes de ellos, de los intentos por ayudarles a pesar de todo eso… ¿no estarán mejor en la calle? Y mira que la pregunta es difícil de hacerse a uno mismo siendo voluntario. Reconozco que me hice muy pequeña en aquel lugar, di un giro total sobre mi cuerpo pudiendo así ver todos los perros que había allí, eran grandes que son los que más problemas tienen para ser adoptados.

Ni que decir que el alma a esas alturas ya se me había caído al suelo.

Al entrar a lo que son las instalaciones en las que están los despachos y el área veterinaria, mi corazón palpitaba a toda mecha. Reconozco que no estaba preparada para ver lo que vi, creo que la gente que está en la Protectora Modepran, tienen un valor incalculable, decía sin conocerles que son ángeles, creo que tanto los trabajadores como los voluntarios son personas muy especiales con un grandísimo corazón que siente un amor incalculable por los animales. Me lo demostraron en los pocos minutos que estuve y los vi. Estuve hablando con una de las chicas en uno de los pequeños despachos, de pronto, sentí que algo me rascaba en el muslo, era un perro ratonero marrón. Al mirarlo, me encontré con dos ojos que me gritaban de manera ensordecedora “quiéreme”. Le acaricié y el animal seguía mirándome con esa mirada que te hace añicos el corazón. Cuando me marché le volví a acariciar y, esos ojos saltones y negros, me siguieron en el coche, en mi casa y hasta en este momento que escribo esto. Al salir me esperaban cuatro perros enormes que no paraban de reclamar “mimos” me vi rodeada por ellos y sus miradas suplicantes. Y volví a sentirme pequeña, muy poca cosa.

Al salir, nuevamente, al patio el continuo ladrido de los perros me perseguía, ni siquiera vi toda la protectora, me hubiera derrumbado allí mismo. Tuve el tiempo justo de sentarme en el coche, y romper a llorar de impotencia. ¿Cómo voy a ayudar yo con lo poco que puedo aportar? Me dio un bajón terrible ¡necesitan tanto! Durante el resto de la tarde quedé tocada y hundida, al llegar a mi casa abracé uno por uno a mis cuatro patas, les besé y recordé las palabras de mi abuela Pepa “hasta los animales están destinados al nacer para lo bueno o lo malo”.

Hoy ya me siento algo mejor, quiero darle la vuelta a la visita de ayer, quiero verlo como una oportunidad de aportarles lo que pueda con ilusión y ganas de seguir luchando por ellos, sea poco o mucho lo que pueda recaudar, siempre es algo. Me llevé el agradecimiento que hoy quiero trasladaros a vosotr@s, porque realmente sin vuestra solidaridad al comprar el libro, no podría hacerse realidad el sueño de ayudar a la protectora.

Por todo esto que he escrito hoy es un día agridulce, pero prefiero quedarme con la dulzura de seguir luchando por ellos.
¡Lo vamos a conseguir!

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1 comentario en «VISITA A LA PROTECTORA MODEPRAN»

  1. Hola preciosa!
    Estaba en mi sofá calentita, con la mantita y los gatos, leyendote , y he decidido a levantarme y encender el ordenador solo para responder a tu post.
    Soy voluntaria, desde hace poco, pero el suficiente para covertirse en una necesidad.
    Hasta hace unos meses iba allí a llevarles comida o mantas viejas, y ese impacto inicial del que tu hablas era el mismo que tenía yo.
    Mi primer día de voluntaria llegué a casa con agujetas que me duraron una semana, dolor fisico que nada se podía comparar al emocional, ni te imaginas lo que lloré cuando crucé la puerta y vi a mis gatos (así que te entiendo perfectamente)
    En una tarde perdí la cuenta de los perros que sacamos a pasear, y aún así, seguian siendo una cantidad ridicula respecto a los que allí hay. Te ladran, te reclaman y te tocan, porque quieren cariño.

    Me plantee tantisimas cosas y no paraba de preguntarme ¿Qué han podido hacer esos animales para acabar en una carcel? ¿Vale la pena la vida estando encerrados? ¿Cómo está educada nuestra sociedad?
    Porque tristemente hay personas muy crueles, sin escrupulos que maltratan y abandonan.
    Pero ahí es donde está el trabajo de las protectoras.
    Su labor de encontarles un hogar, de rescatar animales en situaciones extremas, perros y gatos que llegan en condiciones infimas y “recuperarlos”.
    Voluntarios que hacen de nodrizas, que dan amor y que regalan su tiempo.

    El primer día que fui pensé en no volver más, todo aquello me superaba… pero a la semana siguiente allí estaba otra vez, y disfruté de los perros.
    ¿Qué había cambiado? Nada, absolutamente nada.
    Pero lo poco que yo pueda hacer es mucho para ellos. Al final los ladridos no los escuchas, el olor ya no lo sientes. Me centré en el perro que estaba atendiendo en cada momento, que su rato fuese suyo y lo disfrutase.

    No sé si las cosas cambiarán, si en algun momento la educación de la gente cambiará, si los ayuntamientos cambiaran y colaborarán…
    Yo solo tengo el amor a los animales.

    “En nuestra mano está la diferencia entre la vida y la muerte. Adopta, si no puedes acoge, si no puedes hazte voluntario, si no puedes haz donaciones, si no puedes difunde la labor de las protectoras y a sus animales”

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