UNA MUÑECA DE TRAPO… UNA SONRISA

IMG_20150111_132617                 Un regalo de alguien muy especial para mí

 

Desde hacía muchos años, mi abuela Pepa tenía una muñeca de trapo en el día de Reyes y lo que provocaba en ella, siempre, llamaba mi atención. Una sonrisa enorme, la abrazaba y se la quedaba en sus brazos durante todo el tiempo que el resto disfrutábamos viendo nuestros regalos.

¿Qué significaría para ella la muñeca? ¿Por qué todos los años, lo que más gracia le hacía era eso, precisamente? Y si se la escondíamos, para hacerle rabiar un poco, nos la reclamaba hasta que se la entregábamos.

A veces, durante el resto del año, si la veía de mal humor o decaída, la compraba algún peluche y la sorprendía consiguiendo el mismo efecto que en su esperado día de Reyes. Yo me burlaba de ella diciéndola que se había vuelto niña, otra vez. Ella sonreía mientras tocaba aquel mono, o el burro, o la muñeca con coletas, pero no me hacía mucho caso porque toda su atención estaba puesta a aquel retal.

Hoy, que me quedé huérfana de abuelas, tengo la inmensa fortuna de que me hayan adoptado. Mi querida Amparo, con la que tengo una conexión especial y que es, de todas, con la que siento más cercanía. Y, ¡cómo no!, los Reyes le trajeron una muñeca y, nuevamente, el mismo gesto, la misma ilusión, la inmensa sonrisa. En definitiva, “el mismo cariño”.

Esto, para la gente que compartimos nuestras vidas con las personas mayores, es muy importante, una sonrisa suya es una alegría en el corazón. El motivo por el cual seguimos aquí, día a día, para poder soportar un trabajo tan duro, física y psicológicamente, como este.

Y si me paro a recordar… de pequeña me encantaban las muñecas, también. Despertaban en mí un mundo de ilusión y fantasía; las cuidaba y, a veces, dormía con ellas para que no pasaran frío o estuvieran solas. En mi casa hay muñecas de trapo y, cada vez que las miro, es como recordar aquel instante de felicidad que veía en los ojos apagados de mi abuela, o la sonrisa que ahora veo en Amparo. Quizá, por esa razón, son tan mágicas, porque no necesitan nada más que su presencia para despertar la sonrisa. Quizá, porque volvemos a ser niños, de nuevo, en ese viaje de vuelta que hace la vida, en un momento dado y a cierta edad; ese irremediable retroceso contrarreloj. Vuelven a la niñez de un modo “tan vertiginoso” que, cuando lo ves, asusta un poco al asumir que todos pasaremos por ello. Y espero que, al igual que ellas, tenga mi muñeca y recuerde las sonrisas que, en su día, desperté con el mismo gesto. Por supuesto, ¡si mi cabeza me lo permite!

2 comentarios en «UNA MUÑECA DE TRAPO… UNA SONRISA»

  1. Hola Luz, me alegro que después de las fiestas retomes tu blog. Me ha gustado tu relato de la muñeca de trapo. No solo es un canto a la madurez trasformada en niñez. Es un canto a las cosas sencillas, al amor por cosas que parecen intrascendentes pero que forman parte y quizás resuman vivencias que quedan representadas en esa sonrisa de trapo.

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