TAL DÍA COMO HOY NACIÓ UN SUEÑO HECHO REALIDAD

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Hoy hace un año que tras mucho trabajo en la sombra, dimos luz a Un Sueño Hecho Realidad. Y para que pudiéramos llegar al público hicimos un trabajo laborioso. Hoy si miro atrás recuerdo aquel día con un cariño enorme, unos nervios disparatados, y tantas ganas como cierto miedo por ver el resultado.

Todas esas emociones estuvieron ahí gracias a gente que me ayudó y apoyó en esta idea, emociones que después han ido progresando como si el libro fuera un hijo que con el paso del tiempo, lógicamente, va creciendo.

A la primera persona que me gustaría darle las gracias es a Sonia, quien no solo se emocionó con la lectura, si no, me ayudó en algunos cambios y correcciones. Confieso que muchas veces necesito un empujón de alguien cercano que crea en mi historia, a pesar de hacerlo yo que me emocionó tanto escribirla siempre quiero tener la visión de alguien que sé me va a decir la verdad tras la lectura. Y este libro era muy especial de ahí que necesitaba que alguien tan especial como el mismo relato pudiera darme el visto bueno. También tuve la inmensa suerte de que Carlos Meseguer quisiera echarme una mano con la portada, siempre he dicho que quería que fuera un gato único, que no hubiera otra portada que pudiera parecerse a la mía, para eso encontré al pintor que tiene un estilo propio y quiso ayudarme desinteresadamente para aportar su granito de arena con los animales. Y por último, quien hizo todo el trabajo y a la que siempre acabo pidiendo socorro, mi gran amiga Sam. Una persona maravillosa que trabajó muy duro con mi temido Createspace, y que siempre está cuando la necesito para rescatarme de ese mundo que no entiendo que es Internet. Ella consiguió que todo lo que habíamos estado trabajando con anterioridad, la portada, la contraportada, la historia diera como resultado el formato libro. Es una suerte enorme para mí poder contar con su ayuda.

Recuerdo el momento en que el libro llegó a mis manos, esa emoción de tenerlo, de poderlo acariciar y ver todo el trabajo que lleva formar todas y cada una de las palabras de la historia verlas ahí, en ese libro que en ese instante no sabía todo lo maravilloso que me iba a regalar.

Y con cierta ansiedad por lo que podía ocurrir, comencé a trabajar esa otra parte que nada tiene que ver con la de escritora, saber venderlo, pero hasta para eso reconozco que tengo mucha suerte y estoy rodeada de gente tan hermosa de corazón que el libro fue vendiéndose entre las personas con las que comparto el día a día, de ahí, empecé a trabajar con el sueño de poder ayudar a la Protectora Modepran, a intercambiar algunos correos y, por fin, acudir allí. Todo lo que provocó aquella primera visita ya lo conté, y me siento tan feliz de haber conocido a la gente que he conocido a esos “ángeles” que cada día me enseñan lecciones nuevas, a los peludos con sus sonrisas, con ese amor eterno que te regalan, a la directiva de Modepran que me ayudó a poder llegar hasta la radio con Ata para dar mayor difusión, como no a Marisa de la que siempre me emocionan sus ojos repletos de ilusión por poder ayudar, de tanta gente que desinteresadamente nos abrieron las puertas como Verdecora del que guardo una vivencia maravillosa, Maskokotas que no dudaron en insistirme para tener ejemplares en la tienda.

Y es que este libro que es solidario me ha permitido conocer el lado de la solidaridad más maravillosa que existe. Pero además, me ha dado la oportunidad mediante la Protectora de por unas horas sentirme feliz, sentir y amar con toda la fuerza de mi corazón lo que significa ser escritora, en mi caso, como digo siempre, sigo siendo una aprendiz que va descubriendo cosas, cosas tan maravillosas como mi primera firma de libros en el Instituto Luis Vives, aquella sensación de firmar mis ejemplares para gente que venía con la ilusión de llevarse uno, o gente que se sorprendía de verme allí sentada y cuando le hablaba de la historia terminaba llevándoselo. Es cierto que después han venido otras firmas, unas fueron mejor que otras, sin embargo, aquel día no lo olvidaré nunca, con Jesús, Lidia, con las rosquillas de Marisa, con toda la gente “mi gente” que vino a apoyarme, con tantos abrazos, sonrisas pero lo mejor… con la aportación a la Protectora. Hemos ido juntos ellos, mi libro y yo casi de la mano, me ha dado tantas satisfacciones que no puedo más que decir GRACIAS nuevamente a todas las personas que me habéis acompañado en esta aventura, por enseñarme tanto, por este año maravilloso, difícil a veces, pero siempre dispuestos a seguir peleando. El libro siempre estará ahí para quien nos quiera ayudar, solo espero que la Protectora siga ahí y, lo que mi corazón más desea, que los peludos no estén ahí si no en sus hogares recibiendo amor.

Gracias por darme la oportunidad de ayudarles. Gracias a tod@s por permitirme conocer a tanta buena gente.

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