LA SANTA COMPAÑA

 

El cielo estaba aquella noche de verano más estrellado que nunca. Mi abuela y yo estábamos sentadas junto a la piscina, viendo como las estrellas jugueteaban con el agua que se movía empujada por el suave viento, allí bajo un cielo impresionante, escuché atenta la historia que me contó mientras me tenía cogida de la mano, y mi cabeza reposaba sobre su hombro como tantas otras noches, como tantas veces en nuestra vida.

Mi abuela Pepa fue quien me habló por primera vez de la muerte, la que me dijo que no debía tenerle miedo, la que me contó historias terribles de una guerra que la marcó profundamente. Así que, como no podía ser de otra manera, fue ella quien me habló de la Santa Compaña. En aquella noche estrellada con luna llena, cuya luz iluminaba la montaña.

Mi abuela me contó esta historia que a su vez le había contado su propia abuela

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