SIGO SIENDO HUMANA

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Ayer fue uno de esos días donde la realidad del entorno te da un golpe seco y te das cuenta de las tonterías diarias por las que te enfadas, discutes o agobias que no deberían afectarte más de lo necesario. He hablado alguna vez de mi trabajo, no es fácil trabajar rodeada de enfermedades, dolor, problemas y, sobre todo, muerte.

Los últimos días cada vez que subo al autobús, agradezco ese momento de soledad y, si es posible, silencio. Dejo que mis ojos se llenen de lo que quieran que exista fuera de ese autobús viejo y ruidoso en muchas ocasiones, sin embargo, mi cabeza no quiere hacer caso a ese rato de tranquilidad y disfrute de la gente caminando por la calle, los perros jugando en los parques, el anochecer de un cielo rojo que parece incendiarlo, no, mi cabeza únicamente se fija en lo agobiante que se ha vuelto el trabajo, en la presión que tenemos que soportar día tras día, porque ahora si no se dice eso de: “voy echando el hígado” o “no doy abasto” o “¡esta vida es una mierda!” parece que no eres como el resto. Como decía estos últimos días estoy cansada de la gente, cansada de que me digan que estoy en un lugar para trabajar no para pensar, que debo seguir unas normas aunque sean injustas o fuera de lugar, ¡si reconozco que estoy cansada!

Trabajar en este mundo que es el mío conlleva un agotamiento mental que sería digno de estudio, porque mientras queda ahí, parece que te recuperas de un día para otro, cuando lo que se agotan son las emociones porque ya no puedes soportar más, es cuando te dan ganas de dar una patada a todo, marcharte a tu casa y no volver.

Pero ayer, sucedió algo que me devolvió a la tierra, que me hizo recordar que sigo siendo humana que me siguen afectando ciertas cosas. De camino a mi casa, pensé ¡cómo puedo dejar que el agobio borre lo importante! ¡Cómo puedo dejarme arrastrar por lo que para los de arriba es importante que nada tiene que ver con lo que es para mí! Para mí el sentimiento que me ayuda en mi vida, que me mueve para todo es el amor. También en mi trabajo con esa cercanía con las personas que necesitan un apoyo, un aliento. ¡Cómo puedo olvidarme de ello! Me dio rabia dejarme vencer por los agobios de los demás que recaen en mí. Precisamente, empecé este blog con una historia de amor que me conmovió. Ese es el secreto de mi trabajo, poder compartir con la gente el cariño y la comprensión. Es cierto, bien cierto, que yo también tengo mis problemas pero si algo me ha enseñado este lugar de dolor, es que no se puede ser egoísta ¡nunca! Hay que dar para recibir, hay que dar amor para recibir amor. Siempre creí en esto, aunque a veces, determinados elementos que nos rodean nos hagan perder esta creencia. ¡Jamás debería suceder!

Ayer… cuando despedí a una mujer que durante mucho tiempo ha estado pendiente de su marido que ya estaba en otro mundo, en otro lugar, en ese limbo que no sabemos que habrá cuando la cabeza deja de funcionar. Al marchase se abrazó a mí rompiendo a llorar, dándome las gracias tan solo por escucharla en sus malos momentos. Estuvimos abrazadas no sé el tiempo pero en ese momento que a mí se me quebró la voz y me dolió el corazón, justo en ese momento, me di cuenta que sigo siendo humana. Que a pesar de los días malos, sigue impresionándome acompañar al fallecido hasta el final de su viaje aquí, sigue provocando en mí las emociones cuando abrazas a alguien que se derrumba entre tus brazos y nada más busca consuelo. Trabajo paradójicamente rodeada de tenebrosidades, de muerte, de despedidas y ausencias para siempre, sin embargo, todas estas emociones que provocan la despedida y el abrazo no son otra cosa que la vida. Anoche cuando paseaba bajo un cielo realmente hermoso, un regalo más de la vida poder disfrutar de él, me di cuenta que mi trabajo tiene una recompensa, que no todos pueden vivir. Esa recompensa es la gratitud. Y me di cuenta de algo más, lo agradecida que estoy a muchas personas que me rodean y que son lo más importante. Es lo que, definitivamente, destruye el comentario “esta vida es una mierda”.

Yo que me considero en ese porcentaje de pobres que tienen un puesto de trabajo, me considero inmensamente rica en amor. Por esa razón creo, firmemente, que un abrazo nos ayuda no solo al que llora en tu hombro, también a quien recibe ese “gracias” que significa tanto. Porque el adiós nos hace más humanos, más cercanos en unos pocos segundos.

4 comentarios en «SIGO SIENDO HUMANA»

  1. Para mi, y pienso que habrá multitud que opinen lo mismo, el solo hecho de que estés ahí para escucharnos, y reír o llorar con nosotros, de darnos ese abrazo del que hablas, de compartir con nosotros momentos que son difíciles la mayoría de las veces, tiene un valor incalculable. Creo que no te lo decimos lo suficiente: no cambies Luz, no cambies nunca. No pierdas jamás esa gran humanidad.
    Un abrazo de esos que tú sabes

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  2. Cuando llevamos tanto tiempo compartiendo nuestro dolor con gente que en otra situación sería totalmente extraña, nos hace sentir un vínculo especial que ni con gran parte de la propia familia se puede experimentar. Yo particularmente cuando acudo al centro, siento como familia mía a muchos de las personas que están ahí, tanto enfermos como trabajadores y tu eres por tú humanidad parte de mi familia de corazón. Gracias Luz, no decaigas. Fina

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