SI TIENES AMOR PARA DAR, VEN.

Ayer fui a la Protectora, escribí lo que a continuación os dejo, pero hasta hoy no he podido releerlo tranquilamente para dejar estas palabras.

Hace más de cuatro horas que he vuelto a casa, sin embargo, aún no he logrado dejar de llorar y sentir un agudo dolor en mi alma.

Quería conocer la Protectora en toda su extensión, sabía que me iba a costar lo mío pero algo en mí me empujaba a conocer a todos esos peludos que hoy me he traído en el alma conmigo.

Antes de explicar mi experiencia, tan horrible como maravillosa, quiero dar las gracias a Macu porque me ha hecho de guía, me ha presentado a todos y cada uno de los perros que estaban allí en aquel espacio. Gracias porque además, reconozco que los perros de gran tamaño siempre me han dado mucho respeto, y ella me ha ayudado a pasar por esos pasillos repletos de ellos. También gracias a Jesús por compartir conmigo el mundo gatuno de la Protectora, ¡ni que decir lo mucho que se aprende a su lado! Hoy lo he dicho, es el ángel de los pobres gatos que van a parar a la Protectora. También le doy las gracias a Analía por dejarme compartir alguno de ellos, por sentir el ronroneo en mi pecho, y a Ana por cuidar incansablemente de todos los que llegan enfermos, admirable una vez más la labor que desempeñan.

Dadas las gracias a quienes hoy me han dejado convivir en ese mundo, puedo decir que ha sido un paseo repleto de tortura emocional. Se me ha hecho añicos el corazón. Los gatos tan pequeños… tan indefensos… tan cariñosos… tan maltratados y abandonados. Los perros tan dependientes, tan necesitados. Y allí entre todos ellos me he dado cuenta que existimos dos clases de personas. Una la que como yo ayudamos, llevamos lo que podemos una vez al mes, seguimos las noticias, vemos con alegría a quienes han adoptado, con tristeza los que siguen allí, somos esa clase de gente que sentados en el sofá de nuestra casa cuando llueve quizá pienses… ¿se estarán mojando? ¿Tendrán frío? Pero sigues leyendo un libro o viendo la televisión. Y después, está la otra clase de personas que viven para ellos, hoy cuando a mí me daba miedo pasar junto a un Pastor Alemán enorme, Macu, la voluntaria, se ha acercado y literalmente la ha abrazado puesto a dos patas, ahí me he dado cuenta de la diferencia. Ellos sacan tiempo si no lo tienen para ir y sacarlos a pasear, llevárselos a la playa, pasar horas de pie en la puerta de cualquier establecimiento de la ciudad para poder recoger comida, haga frío o calor, ellos están en las ferias horas y horas de pie por ellos, nosotros pasamos y decimos pobrecitos, dejamos si llevamos suelto una moneda en la hucha o compramos algo para ayudar, a ellos no les importa limpiar las gateras con todos los excrementos,al igual que las zonas de los perros, a ellos se les ilumina la cara con cada cosa que les llevas y te dan las gracias cuando acercas periódicos, y hasta se emocionan cuando empiezas a bajar del coche mantas que han donado para ellos. Pero tú vas a seguir viendo desde tu casa el teléfono o la Tablet esas noticias que te encienden el corazón de amor o rabia, pero desde tu casa.

Hoy he sido capaz de darme cuenta que todos los ojos que me miraban solo pedían una cosa, amor. Era desesperante ver tantos ojos reclamando lo mismo, caricias y amor. Me he llevado muchos lametones, de perros y gatos, pero lo que más me he llevado es esa mirada de amor. Esos ojos que te gritan ¡ayúdame! Porque te lo gritan os lo aseguro. Nada más hace falta parar unos segundos y posar tus ojos en los de ellos, ojos tristes, en la mayoría de casos pero que cuando te ven tratan de mover la cola y ponerse en pie a dos patas para decirte ¡estoy aquí! Nunca en toda mi vida he sentido tanto estar tan cerca de los animales. Nunca me ha hecho tanto daño acariciar cabezas por doquier de perros y gatos, ¡y nunca me ha dado tanta rabia ver sus ojos!

No me gustaría que este post fuera tan triste como me siento yo, pero sí me gustaría tocar en vuestro corazón esa fibra que ellos me han tocado a mí, sí me gustaría que fuéramos todos un poco más responsables, todos en nuestras familias tenemos a alguien que dice ¡voy a comprar un perro, un gato! Por favor… decir NO, os esperan tantos en la Protectora, a cualquiera que os diga esta maldita frase, enviadlos a Benimámet o Paterna o cualquier refugio de perros y gatos, pero por favor habría que concienciar a la gente que hasta que las Protectoras no estén vacías, ¡y ni aun así! Deberían venderse animales. Me gustaría tanto transmitir el dolor que he sentido yo, la tristeza que me acompaña, hoy no quiero ser optimista, ni ver las cosas con ese prisma que dicen ¡todo esto cambiará! Lo que quiero es transmitir esas miradas, esos maullidos lastimeros que me han arañado el corazón, y no puedo dejar de llorar. Hoy quiero transmitir la rabia y el compromiso en que no quiero pertenecer a esa clase de personas del sofá,¡ hay tanto por hacer!, ¡hay tanto que construir!, hay tantas miradas que me han roto el corazón que quiero compartirlo aquí, sin importarme si quiera confesaros que estoy escribiendo y llorando al mismo tiempo.

A parte queda la tarea de los voluntarios, de toda la gente que trabaja en las Protectoras, de ellos ya he hablado y sigo quitándome el sombrero  con total admiración hacia ellos. Lo hacen y tienen todo, sobre todo, ese corazón enorme que tanto admiro. Cuando estaba rodeada por más de veinte perros ladrando para llamar mi atención pensaba, esto es nada más que aquí, ¿pero cuántos animales hay en toda España? ¿Cuántos animales abandonados en refugios, Protectoras, en las calles? ¡Y que no me digan que la solución son las perreras! El sacrificio nunca es una solución. Solo de pensarlo me pongo enferma. Se soluciona educando a los niños en la base del respeto por ellos, se soluciona con leyes duras para luchar contra los maltratadores. Se soluciona desde el gobierno, desde las Instituciones, no mirando a otro lado porque “son animales que no sienten” ¡Quien diga esa barbaridad que se pare frente a un animal maltratado o abandonado! A ver si tiene el coraje de volverlo a repetir mirándolo a los ojos.

Hoy quiero llegar a los que dicen pobrecitos, yo incluida… se pueden hacer muchas cosas por ellos, si te gustan los animales te recomiendo que te des una vuelta por la Protectora, verás el mundo de otro modo y no seguirás sentado en el sofá mirando el móvil. Si te gustan los animales, arrima el hombro, ya no te digo el bolsillo, que hace mucha falta, pero lo que más se necesita es concienciar a la gente contra el maltrato, el abandono, y la necesidad de esterelizar, lo que necesitan aquellos que están en los refugios y protectoras es amor y un hogar, es lo único que piden. El amor es gratis y, de eso, todos deberíamos tener a manos llenas, el mundo iría mejor, si tienes amor que dar, ellos están esperándonos. Y si tenéis un hueco en vuestra casa, ¡no lo dudéis llevaros uno y que no os importe la edad!

Estar en las entrañas de la Protectora me ha dejado tocada pero no hundida, por eso insisto,

SI TIENES AMOR QUE DAR, ELLOS TE ESTÁN ESPERANDO

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