¿QUIÉN ANDA AHÍ?

Os voy a contar una historia que una amiga impresionada por el hecho me contó ayer. Creo que es muy interesante y muy cercana a este tema del misterio. Os transcribo sus palabras:

Raquel y Fernando estaban felices en su nueva casa junto a sus dos hijas, se mostraban convencidos de que el cambio había sido acertado. Aquella casa, su nuevo hogar, era luminoso, confortable y muy apacible.

La pareja solía disfrutar sentados en el sofá de las últimas horas del día. Juntos viendo la televisión mientras sus hijas estudiaban en la habitación o salían con sus amigas a dar una vuelta. Una de ellas, la pequeña, era muy bromista alguna vez había dado un buen susto a la pareja escondiéndose y apareciéndose de golpe ante ellos, moviendo el sofá o estirándoles a alguno los pies.

Era una noche como otra cualquiera, el cielo estaba iluminado por una bonita luna y salpicado de estrellas, la pareja tras la cena y una breve charla se sentaron en el sofá para ver la televisión. El sofá se encontraba distribuido en la pared de enfrente de la puerta de forma que el pasillo quedaba a su vista. Estaban en silencio mirando la tele cuando de repente ambos vieron lo mismo, claramente, una figura de mujer con el pelo largo cruzando a la carrera por el pasillo.

Los dos sabían lo que habían visto, sin embargo, ninguno fue capaz de decírselo al otro. Fernando un escéptico convencido llamó a su hija advirtiéndole que la habían visto pasar, que la broma no les había asustado.

-¡Te hemos visto… sal que ya has perdido el factor sorpresa!

Sin embargo, la joven no le contestó. Durante unos segundos interminables nada más se escuchó un pesado silencio.

-¿Has visto lo mismo que yo?

Ante la pregunta de su mujer, asintió todavía incrédulo. Con una mirada se transmitieron el temor que el ritmo acelerado del corazón les estaba provocando. Juntos salieron al pasillo. Encendieron la luz. Buscaron uno al lado del otro debajo de las camas, en los armarios, detrás de las puertas y cortinas. Llamaban a su hija porque seguían tan incrédulos que les era vital que ella apareciera ante sus ojos. Sin embargo, se dieron cuenta que en toda la casa no había nadie, ni siquiera su hija que había salido con sus amigas. Pero ellos estaban seguros de lo que instantes antes habían visto.

La pareja no quiso darle mayor importancia al asunto, aunque, un resquemor quedó en cada uno de ellos siendo conscientes de que aquello que había cruzado a toda velocidad el pasillo era imposible, que no podía ser real a pesar que de la misma manera estaban seguros de haber visto la figura de una mujer sombría con el pelo largo que cubría su espalda.
Pocos días después, Fernando tenía que madrugar más de lo habitual, así que, se marchó a dormir antes que su mujer. Volvían a estar solos en casa. Estaba quedándose dormido cuando un movimiento primero suave, después algo brusco lo despertó. Él que llevaba muy mal despertarse así de golpe, porque después le costaba mucho conciliar el sueño de nuevo protestó.

-¡Raquel no puedes acostarte más despacio!

Pero su mujer no contestó. Las pupilas del hombre comenzaron a moverse nerviosas de un lado a otro en medio de la oscuridad, su corazón comenzó a palpitar desbocado. Con un hilo de voz preguntó:

-¿Quién anda ahí? –silencio-. ¡Quién anda ahí!

El miedo se apoderó de él y salió corriendo de la habitación hasta el comedor donde estaba su mujer, boquiabierto y paralizado vio cómo su mujer dormía plácidamente en el sofá.

-¡Raquel! ¡Raquel!

-¿Qué pasa? –abrió los ojos asustada.

-Alguien se ha acostado en nuestra cama…

La mujer lo miró con el ceño fruncido sin poder creer sus palabras.

-¡He preguntado quién era pero no ha contestado nadie! –decía atropelladamente.

-Estarías soñando, cariño.

-No… te aseguro que no, primero noté como se apoyaban, después, como se acostaban… ¡Creí que eras tú!

Desde aquel día saben que algo extraño ocurre en la casa, han preguntado qué pueden hacer ante lo que parece un espíritu que les acompaña. Les han dado los consejos más variados, encender velas blancas, rezar un padre nuestro por el alma de la que les visita, echar agua bendita por los rincones. Pero… a pesar de todo esto… Volverán a preguntar

-¿Quién anda ahí?
 

 

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2 comentarios en «¿QUIÉN ANDA AHÍ?»

  1. Que adopten un gato, que protege de las energías. Y de paso tendrán localizada a la señora (solo hay que ver a donde miran embobados) jajajajaja
    La verdad es que yo soy del pensar que
    siempre andamos acompañados, lo que pasa es que verte en esa situación… a mi que no se me presente ninguno que me da un algo!
    Por cierto, informanos si descubren de quién se trata. Besetes

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