¿QUIÉN ANDA AHÍ? II PARTE

 

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En este libro podréis encontrar muchas historias como esta que os estoy contando. Os lo recomiendo.

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Tal y como os comenté, hace unos días Raquel me contó algo nuevo para que lo transmitiera en esta entrada de “¿Quién anda ahí?”. Confieso que a mí me ha hecho reflexionar, me gustan estas historias del más allá pero cuando es alguien tan cercana que te las cuenta y ves el miedo, te paras a pensar que haría yo en su lugar. Por eso admiro la entereza de la pareja que tratan de llevarlo con la mayor naturalidad que les es posible.

Te doy las gracias por dejarme seguir contando esta historia.

“La noche caía sobre la ciudad, antes de marcharse de casa, la hija pequeña de la pareja sacó a pasear al perro de un vecino y, después, lo dejó con sus padres. El animal llamado Coco, de vez en cuando, pasaba unas horas allí haciéndoles compañía, principalmente, lo hacían por él para que no estuviera solo en casa mientras su dueño trabajaba o se iba de viaje.

La pequeña de la casa dejó junto a la puerta una bolsa de plástico con alguna ropa que iban a entregar al día siguiente a un mendigo.

El reloj marcaba las 22:55. Raquel estaba en el comedor viendo la televisión y el animal estaba acostadito a sus pies con la cabeza dirigida hacia el pasillo esperando que Fernando volviera del cuarto de baño. El perro era bueno y tranquilo, mientras se encontraba en casa de la pareja nunca ladraba. Raquel que con el mando de la televisión en la mano no perdía detalle de la película escuchó como el animal emitía un gruñido.

-Coco… ¿qué te pasa?

Lo miró extrañada.

-¿Coco?

Pero Coco ni se inmutaba, lo vio cómo se incorporaba asustado, llevaba el culo agachado y el rabo entre las patas traseras. Miraba, fijamente, hacia el pasillo con ese gruñido extraño enseñando los colmillos y los dientes delanteros. Raquel miró hacia el punto en que los ojos de Coco parecía que veían algo que lo estaba asustando, tanto era así que el mando de la televisión comenzó a moverse en su mano, el miedo se apoderó de ella.

-¡Coco!

Su llamada de atención no hizo que el animal se calmara, Raquel no sabía qué hacer rezaba para que Fernando llegara lo más pronto posible, estaba muerta de miedo. De repente el perro comenzó a ladrar como si tuviera pánico, Raquel no se movía y la voz de Fernando desde el cuarto de baño le llegó.

-¿Qué pasa?

-¡Ven, Fernando, ven! –la voz repleta de miedo recorrió todo el pasillo.

Fernando encendió la luz en el mismo momento en que Coco emprendía una carrera al mismo tiempo que ladraba hacia el pasillo. Al llegar al sofá donde estaba su mujer, su rostro estaba pálido.

-¡No sé qué le pasa! –exclamó asustada.

-Raquel… se ha movido la bolsa del pasillo como cuando hay una corriente de aire… Coco ha pasado hacia la habitación por delante de mí sin siquiera mirarme, estaba fijo mirando algo y ladrando.

-¡Ay Dios mío! ¿Estás seguro?

-Sí, se ha movido como si pasara alguien corriendo junto a ella –su rostro seguía pálido.

-Coco –dijo con rotundidad por convencerse de que había sido el animal.

-No, aún no había salido del comedor.

– ¿Qué vamos a hacer?

-Tranquilizarnos. No pasa nada… No pasa nada.

Mientras Fernando se sentaba en el sofá, Coco llegaba hasta ellos parecía que orgulloso de haber logrado su propósito ¿asustar al espíritu? Se tumbó a los pies de los dos, dando un suspiro profundo para cerrar los ojos y dormirse.

-Tenemos que hacer algo…

-No pasa nada… no es nada, cariño. ¡Ya empieza la película!

Sin embargo, aunque Fernando sea un incrédulo empedernido, hay una pregunta que no cesa en su mente “¿y si es verdad que existe el otro lado y este espíritu se ha quedado aquí?”. Fernando mira a su mujer a hurtadillas viendo cómo sus ojos pasan de la televisión al pasillo.

-No pasa nada… tranquilízate.”

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