PUES VA A SER QUE NO HAY MEJORÍA

MI ESTADO AGÓNICO

Hoy os vuelvo a hablar aquí de mi problema con el insomnio. Tenía visita con mi nueva psiquiatra-neuróloga me han remitido a ella por mis intensas jaquecas (como bien sabéis soy una jaquecosa de armas tomar) Debo reconocer que cuando hablo con las personas que me conocéis y os comento que no duermo, seguís pensando ¡no es posible! Así que hoy cuando he ido a la consulta, esperaba que mi médica me pusiera un gesto más o menos parecido, si tomo tanta medicación ¿por qué sigo sin dormir?

Bien, tengo que decir que el diagnóstico de los tres médicos que me han visitado ha sido el mismo, ALTERACIÓN DEL SISTEMA DE ALERTA. Ya os he explicado en otros escritos sobre mi problema de insomnio a qué es debido. Pero con una salvedad importante hoy mi médica me ha confirmado algo que yo venía diciendo pero nadie me escuchaba. He tirado casi cinco meses por la borda, porque la medicación que me han dado estaba enfocada a la depresión, ¡ya podía yo decir que no estaba depre! Ningún médico de los anteriores se dio por aludido. Así que empiezo de cero, nueva medicación específica para ayudar a rebajar esa alteración, más una bomba de relojería que tengo prohibido utilizar a diario, nada más la tomaré los días que como ayer, esté más de 30 horas despierta.

Lo gracioso ha sido cuando le he dicho, mire no logro concentrarme con nada, ni leyendo, ni escribiendo ni si quiera leyendo en mi móvil un guasap muchas veces soy capaz de entenderlo, y me ha contestado que lo que no se explica es como aún tengo fuerza para leer, escribir y tratar de sacar una novela. Según ella todo es normal y lo que es peor, voy a tardar bastante tiempo en recuperarme.

Sin duda, mi trabajo es el motivo de toda esta alteración, y lo que más rabia me da es haber caído en este estado. Porque me gustaba mi trabajo, cuando estaba organizado, claro. Me gustaba poder hablar con la gente y hacer reír a las personas mayores. Me gustaba cogerles de la mano y tratar de darles ánimos, pero como ella ha dicho, en un momento dado tanta responsabilidad en mi puesto, tantos frentes a los que acudir, más el desgaste emocional que conlleva, más la energía negativa que sin querer muchas veces los familiares descargan contigo ha sido definitivo. Han ido cargando mi mochila, hasta llegar un momento que la mochila ya no me dejaba ni caminar. Unido a esas pérdidas que como ser humano me han afectado y me alegro de que haya sido así, porque quiere decir que aún siento, que eso no me lo ha quitado ni los once años de mi vida que les he dedicado con el mayor respeto y cariño posible, ni la acumulación de trabajo.

Me ha enviado deberes para casa, además de comprometerme a cuidar de mí misma.

Quiere que mi novela sea el motivo por el que todos los días me levante con energía, debo hacer lo que en estos momentos me puede mantener activa pero sin un gran esfuerzo, nada mejor que mi novela. Me ha desaconsejado hacer la presentación (yo ya la había descartado) por mi estado actual. Y debo trabajar mi interior, así que hoy he tomado una frase de Javier Iriondo para empezar.

Algo que me ha sorprendido mucho, ha sido que cuando me ha preguntado qué pensaba escribir ahora, ya que si he sido capaz en todo mi proceso de escribir creo que coherentemente, al menos la Condesa me ha servido de motivación, puedo empezar otra novela, al decirle lo que yo pensaba escribir me ha dicho, no, olvídalo. Trata de escribir una historia de asesinatos que te permitan asesinar todo aquello que no te gusta, que te ha hecho daño, una historia policíaca sería lo mejor. Entonces me ha venido a mi mente El secreto de un horror, nunca pensé que podría escribir una historia así, sin embargo, lo hice y la escribí en el peor momento en el que me encontraba en mi trabajo. ¿Sería casualidad?

Desde hoy mismo, reconozco que estoy mal ese es el primer paso. Literalmente no puedo con la vida. Es cierto que me siento sin fuerzas, sin ganas de nada y como si mi cuerpo pesara toneladas, como si mis neuronas estuvieran de vacaciones y mi concentración se hubiera ido con ellas. Pero desde hoy me comprometo a cuidarme, a dejar de aparentar que no pasa nada y ser fuerte, voy hasta a permitirme llorar cuando lo necesite porque no voy a dejar que el trabajo rompa mi vida. Lo tomo como un punto de inflexión para una vez tocado fondo, impulsarme y seguir luchando por vivir, mirar la vida con positivismo, con energía y darme permiso para desconectar cuando así lo necesite. Porque quiero volver a recuperar esa mujer que era antes, quiero volver a reír, pasarlo bien, divertirme y disfrutar de la vida ¡de ésta porque no sé si hay más!

Solo os pido una cosa, disculparme si entre todas mis letras aparece alguna que no deba ir, o si alguna coma baila demasiado, porque mi nueva medicación va a afectarme algo de esto unido con lo que ya de por sí llevo. De esto si me he dado cuenta en La Condesa cosas que me han herido como escritora.

¡Y un consejo! No permitáis que el trabajo os amargue la vida. En cuanto notéis la mínima señal acudid a un profesional para no llegar al estado en el que me encuentro yo.

Como siempre mil gracias a todas las personas que aún hoy cinco meses después os seguís interesando por mí, me regaláis vuestro cariño y amistad. Que sepáis que no me olvido de nadie y que os quiero mucho.

EL SUFRIMIENTO NO TE TIENE PRISIONERO, ERES TÚ EL CARCELERO QUE LO RETIENE. SUELTA, ACEPTA, APRENDE LA LECCIÓN, CRECE Y SÉ LIBRE.

Javier Iriondo.

¡Vamos allá!

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