PITUSA NOS HA ROBADO EL CORAZÓN

Aquí os presento a la abuelita Pitusa, una ratonera de 22 años.

https://www.facebook.com/video.php?v=1059065720782648

 

Ayer no pude más que emocionarme con una noticia que venía de parte de la Protectora Modepran. Ante la noticia, recordé una charla que tuvimos en la radio con los micrófonos cerrados sobre los animales y las personas mayores.

En aquel momento vino a mi mente un caso que viví en la Residencia hace algunos años. Teníamos una señora que era una conocida vedette valenciana, durante sus últimos doce años había compartido su vida con un Yorshire llamado “Lucas”. Aquella mujer que siempre llevaba unas gafas de sol enormes, bien podría decirse que era unas gafas andantes por su extrema delgadez. Una mujer triste siempre, solitaria, y que pocas veces se le veía sonreír. Pero aquella mujer se transformaba cuando esperaba una visita, todos sabíamos quien llegaba. Se sentaba, prácticamente, en la puerta, sus ojos se movían nerviosos de lado a lado de lo que se ve de calle, el resto de gente que estábamos allí sabíamos que en breve iba a soltar un grito de alegría y un nombre:

¡Lucas!

Y allí estaba el pequeño Yorshire que desde la calle aullaba y ladraba de felicidad, el encuentro entre los dos nos llegaba a emocionar a los que desde detrás del cristal veíamos la transformación de la vedette triste a la vedette loca de alegría y feliz. Se pasaba todo el tiempo que podía sentada en una silla que le sacábamos a calle para que estuvieran juntos y, el animal no quería bajarse de sus brazos, la llenaba de lametazos y si lo bajaba al suelo, le pedía a dos patas que lo volviera a coger en brazos.

Pero pasaba el tiempo para ella muy deprisa y llegaba el momento en que Lucas se tenía que marchar, entonces volvía a entrar la vedette triste y llorona. Aunque tratáramos de calmarla ella lloraba la marcha de su Lucas. Y los días pasaban lentos hasta el siguiente día que le traían al pequeño. La vedette no tardó mucho tiempo en dejarnos, vivía sin ganas y lo único que decía era que quería volver con su Lucas a casa.

Es aquí donde te haces la pregunta, ¿cómo se supera la separación de tu perro o gato porque la vida te obliga a recibir ayuda para poder seguir viviendo? ¿Por qué no hay residencias donde las personas no necesiten separarse de ellos, ya es lo suficientemente duro entrar en una Residencia como para también tener que dejar a su animal que ha sido su alma durante sus últimos años de vida. Os remito a este artículo interesante

http://www.fundacion-affinity.org/perros-gatos-y-personas/animales-que-curan/perros-en-residencias-de-ancianos

De toda esta experiencia personal, llega la historia de “Pitusa” una ratonera de 22 años, ¡si 22 años! Cuya dueña murió y la pobre estuvo 8 días sola. Y no solo eso, la perra está sorda y ciega, ¿cómo se sentiría al quedarse sin su ama y sola? Pues por lo que conozco a los animales, la tristeza y el dolor debió acompañarle durante esos ocho días, porque entre otras cosas, para vivir 22 años su dueña tuvo que cuidarla mucho y bien, por lo que el dolor que debe sentir es enorme. Es quizá por eso que la perra apenas se podía mover.
Esta abuelita a la que una voluntaria de la Protectora Modepran (otra vez esos ángeles de los animales) tiene en su casa y está tratando de mimar, querer y darle ese amor que pueda ayudarle a vivir el tiempo que sea de la mejor manera posible hasta que alguien se anime a adoptarla.

Estas dos historias me hacen reflexionar, deberían existir residencias que permitan que las personas que ingresan tengan a sus animales con ellos. Creo que sería un paso hacia delante en esta sociedad en la que hacerse mayor es tan complicado y más si lo haces en soledad con la única compañía de tu animal.

Ojalá, “Pitusa” encuentre pronto un hogar donde reciba mucho amor cada segundo de su vida, desde el lugar donde esté su ama, debe estar sonriendo feliz de ver que en la tierra siguen habiendo personas con un gran corazón.

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