PÉREZ DESCUBRIÓ LA VIDA.

Jamás olvidaré todo lo que fue ocurriendo paso a paso conforme fueron pasando las horas a su lado. Nunca había estado en una cama, así que cuando lo lavé y le arreglé lo suficiente como para estar tranquila, lo dejé sobre la cama. Estaba yo sola con él, aunque nada más fueron cinco minutos porque mi madre ¡gatuna como la hija! Entró. Le dije que no lo alterara demasiado, que no hablara muy fuerte aunque él estaba acostumbrado al jaleo que hay en una protectora, no estaba muy acostumbrado a las personas ni las caricias. Con cautela mi madre se sentó en la cama mientras yo me cambiaba y duchaba, cuando volví a entrar, lo tenía en el brazo. Estaba dormido y yo solo sentí unas ganas terribles de llorar de felicidad al ver su calma. Nunca lo había visto dormido.

-¿Lo has acogido? -me preguntó mi madre.

-Sí, tengo el papel de casa de acogida.

-¿Eso quiere decir que va a estar aquí un tiempo y luego se irá?

La voz de mi madre fue de asombro, ella me conocía y sabía que no sería capaz. Miré el papel de casa de acogida y vi como temblaba ligeramente. Allí estaba Pérez que al verme saltó de los brazos de mi madre mirándome como hacía desde la jaula. Me senté en la cama y se subió a mis brazos.

-¡Tranquilo, peque, ya no volverás a separarte de mí!

Lo segundo que dijo mi madre fue:

-Este animal está muy flaco. Voy a darle Jamón York y habrá que comprarle latas de lo que sea, voy a llamar a tu hermano para que compre.

Comí con él porque se me había dormido en el brazo y no quería despertarlo. Daba unos suspiros que me hacía sonreír. Mi madre en el comedor recibía cada tanto una foto de su nieto. A cuál de todas daba una exclamación mayor. Mi padre no quería saber nada. Falsamente, claro, porque de reojo miraba. Lo conocemos.

Aquel día que pasamos juntos, el primero, lo hicimos así él sobre mis piernas con las uñas cogido a mi dedo. De vez en cuando me miraba y volvía a cerrar los ojos. Mis sentimientos, emociones estaban a flor de piel, llevaba meses sin dormir así que estaba pasando una época complicada en la que pasaba de reír a llorar o a ser una incivilizada. Pero no era yo, era el insomnio que se había apoderado de mí. Sin embargo, desde el primer momento en que lo vi la ternura se apoderó de mi corazón y eso era justo lo que sentía cada vez que le acariciaba, cada mirada que me dedicaba.

A media tarde llegó mi cuñada y mi hermano. Se dejó coger, mimar, besar, hacer fotos. Parecía un gato tan manso, tan cariñoso. Todo era nuevo para él. Hasta que de pronto se bajó de la cama y empezó a ahogarse, me asusté al ver que no podía respirar bien pero en la protectora me habían dado la medicación que debía darle para atajar su infección. Tengo que decir que no tenía nada en casa para él. Que todo me lo prestaron en la prote y no hubo problema para que se adaptara a la caja, ni a la comida. Todo parecía en conjunción realmente del universo, sin un solo problema. Era como si realmente hubiera estado en mi cuarto toda su vida en lugar de una jaula los tres años que estuvo.

La noche la afronté con algunas dudas porque mis anteriores gatos dormían conmigo a los pies, excepto Dana cuando empezó a apagarse que lo hacía abrazada a mí hasta el final. Que curioso es todo porque cuando no la tenía ya muchas noches me despertaba su peso en mi brazo como todas las noches anteriores que pasaron durante los tres meses que afrontamos su enfermedad. Incluso a veces podía escucharla respirar. Teniendo en cuenta que habían pasado siete años. Es más, cuando empezaron las visiones por culpa de la medicación que me daban, la primera que vi fue a ella. Parpadeaba y desaparecía. Pero después con el paso de los días y el efecto de la medicación seguía ahí, a veces tumbada a mis pies, otras en la cama, otras al lado del ordenador. O paseando tal y como lo hacía. ¿No os parece curioso que mis visiones fueran ella? A mí sí porque a estas alturas se había muerto gran parte de mi familia y, sin embargo, la veía a ella con esa mirada dulce que tenía. En el fondo he llegado a pensar que me estaba advirtiendo de una manera que sabía a mí no me iba a asustar pensando que me estaba volviendo loca. Me ayudó a tener una reacción dentro de lo extraño muy tranquila, hasta tal punto que cuando se lo dije a mi médica, se asustó más ella que yo y me envió al hospital de urgencias.

Volviendo a Pérez, diré que aquella noche durmió fuera de la cama, pero sobre mi pecho. Yo estaba despierta y notaba sus suspiros. Cada suspiro que daba era una sonrisa para mí pensaba que estaba seguro, y esa seguridad era maravillosa para los dos.

A la mañana siguiente, llamé a primera hora a la protectora y les dije:

-No soy capaz de ser casa de acogida, así que por favor quitar su fotografía de la web porque lo voy a adoptar.

Y así fue como se quedó en mi casa.

No hay palabras para la primera mañana cuando levanté la persiana a las seis y vio el cielo. O cuando vio pasar la primera paloma por delante de la ventana. Lo miraba todo con un gesto de incredulidad que me emocionaba, me miraba a mí y solo le faltaba sonreír. Aquel día llamé a mi veterinaria para decirle que tenía un nuevo hijo y quería que le diera un vistazo. Teníamos además que hacer la presentación con Alonso su hermano perruno y eso nos tenía un poco tensos. Cuando salió del cuarto al día siguiente aprovechando un paseo de Alonso. No daba crédito a todo cuanto veía, podía subir a un sofá, olía y nos miraba a mi madre y a mí que le íbamos acompañando. Se subió a un armario, desde arriba miraba con los ojos abiertos al máximo todo lo que había en el comedor. Después bajó y se subió a mi espalda como solía hacer en la prote, y así le di un paseo por la casa presentándole cada estancia. Paseo que sigo haciéndole a día de hoy, tres años después, porque se acostumbró a él. Por la tarde busca mis hombros para que le lleve por toda la casa, claro, ahora ha crecido y ya no cabe igual, así que lo llevo medio colgando, pero es feliz.

Para mí emocionalmente me supuso un subidón de adrenalina, me sentía contenta y solo quería que saliera bien. Que él estuviera tranquilo y feliz en casa. Que mis padres no tuvieran que arrepentirse por acogernos a los dos y que Alonso se llevara bien con él. A esto sumar que mi hermano le tenía cierto respeto porque no se fiaba mucho, no sabía por qué, pero algo de él le daba miedo.

Nada de lo que quise se cumplió. Y esta parte es la que escribo para todos los seres humanos que adoptan animales, y los devuelven como si fueran una compra que no les gustó. Hay que tener cierta paciencia para todos los animales, pero mucho más para aquellos que han suffrido maltrato, abandono o están en una protectora o refugio, que sin duda es mejor que estar en la calle, pero tampoco es un lugar perfecto, aunque en nuestro caso hayamos superado por mucho los límites de la paciencia.

Os dejo el listado de las pérdidas que sufrimos en casa

-Cortinas comedor

-5 lámparas

-1Talla de escayola de cabeza de romano

-Estante de mármol con una radio de madera

-Estadio de fútbol de cerámica, reliquia de mi hermano (aún estoy buscando una replica)

-Cargador de mi ordenador (hilo mordido)

-Cableado del timbre de casa

-Cableado TV nueva de mi hermano

-Armario de madera, 2 estantes de cristal a fer la mà

-TDT TV

-Olla de cocinar

-1 Florero

-1Altavoz

-1Figura de cerámica mujer africana

-3 cañas con diferentes juguetes

-2 ratones inalámbricos de ordenador

-Los cables de las camas abatibles de mis padres

-1 calendario de madera

-3 velas de plástico

-2 peluches míos

-Corazoncitos de decoración de cristal

-2 mosquiteras

-1 Rascador pequeño

-1Túnel (juguete)

-2 paquetes enteros de pañuelos para la limpieza de la cara.

-1 Iglú (de tela)

-1Tenderete

Además de todo esto, los arañazos y mordiscos que me daba no los puedo contar, eso sí, solo me lo hacía a mí y a Alonso con quien su relación no es como esperaba. No pueden soportarse el uno al otro, en cuanto Alonso pasa por su lado le dedica un golpe con su pata en la nariz o el culete que es su lugar preferido.

Todo esto fue una suma que hacer a mi enfermedad, estaba agotada y no entendía qué más podía hacer, ni por qué se comportaba así. Sentía una pena enorme de ver que no le había ayudado, que quizá lo que le sucedía era que no estaba feliz en nuestra casa. Pero aún así, tuvo que hacer muchas trastadas más para un día decidir que no podía estar en casa, buscar a alguien de mucha confianza que pudiera tenerlo porque conimgo no estaba bien. Sin embargo, cada vez que pensaba en sacarlo de mi vida me dolía el alma, así que por mediación de una amiga llegó una nueva oportunidad, al principio fui un poco reticente, pero nadie me daba solución hasta que llegó ella, Lourdes Alarcón.

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