PARA CARMEN. “GRACIAS, MAMÁ”

Hoy no soy yo quien escribe, tan solo os dejo esta emotiva carta de amor de un hijo a una madre. Seguro recordáis mi primer relato que abrió este blog, hoy os dejo las palabras del hijo de Carmen.

Gracias, Manuel.

Hola a todos: Curiosamente ayer recibo un mensaje de mi padre con un enlace a este bello relato. Por algún motivo no me lo había enviado antes pero el caso es que me animo a escribiros (a Luz, José, Nieves y Elena) en el día del cumpleaños de mi madre (cumpliría setenta y tres) y justo cuando hace seis meses que nos dejó. Pero siendo estos motivos de peso, os escribo por otros.

El primero, sin duda, por la emotividad y el detalle de Luz en tomarse el tiempo de dedicarle esta bonita historia a mis padres. No era consciente del impacto que ambos podían haber generado en gente, que como digo yo, sólo les veía pasear. El segundo, y no menos importante, por los comentarios que, los arriba mencionados, han tenido la amabilidad de publicar y que son, para mí, especialmente impactantes por quienes los escriben y por lo que escriben. Gracias de corazón.

Quisiera empezar acordándome de los que aun estáis ahí: cuidadores (y personal) y familiares. Mi reconocimiento a ambos. A los primeros agradecerles que las horas en que no podíamos estar con ella hicierais lo posible para tratarla con el cariño que la tratasteis. Hay que ser muy especial para hacer frente a lo que hacéis todos los días. Mi reconocimiento sincero. Y a los familiares por la compañía y las miradas de respecto y comprensión. Gracias por acompañar a mi padre en esas tardes de visita. Pasado el tiempo me doy cuenta de lo importante que ha sido para él teneros ahí.

Por mi parte, y dado que la distancia me ha impedido estar más tiempo con vosotros quisiera compartir lo siguiente.

Realmente el Alzheimer es una enfermedad dura o – para ser más preciso- diría cruel y humillante. Lo único bueno que tiene de esa crueldad y humillación el enfermo no es consciente (y cuanto se agradece). Es realmente una enfermedad familiar. La siente y la padece el entorno. Es una situación compleja porque todo lo que sientes no lo puedes compartir precisamente con la persona por la que lo estás sintiendo. También es una enfermedad que te enseña a darte cuenta de que “no somos nadie” y de que nunca es demasiado pronto para decirle a un ser querido “TE QUIERO”. Es verdad que el Alzheimer destruye: al que lo padece, y a los que están con quien lo padece. Solo se puede sobrellevar bajo dos premisas: aceptación y humildad. Sin la primera no hay nada que hacer, aunque esto no es distinto a otras enfermedades. La segunda es más difícil de conseguir, muy difícil. El día que dejas de compadecerte y de preguntarte -¿por qué a mí? ¿Por qué a mi madre?- es el día en que pones de verdad atención en lo importante: el paciente. Con esto solo quiero poner de relevancia que TODOS tenemos nuestras historias. Y la nuestra no es distinta ni peor a las de muchas otras que se ven en la residencia. Recuerdo tener cogida a mi madre de la mano sentada en su butaca de planta y pensar ¿a qué se dedicaba aquel señor que no para de caminar? ¿Cuáles eran las aficiones de esa señora que solo mira al suelo? ¿Cómo estarán los familiares de esta mujer que solo quiere irse de aquí? ¿Cambiaría nuestra situación por la de alguna de ellos? Y la verdad era que no por miedo a que fueran peores que la nuestra.

Mirad, hoy hace medio año que mi madre, en un nuevo acto de generosidad por su parte, decidió marcharse y descansar. Es verdad que la tristeza se nos ha tatuado para siempre en la expresión del rostro pero no puedo evitar pensar que somos afortunados dentro de la desgracia. A mi madre le vino a visitar un cáncer – que acabo quedándose- para acortar una agonía que se nos estaba llevando a todos por delante. Suena raro estar agradecido a una enfermedad tan cruel (y que me perdonen los que la sienten cerca) pero a nosotros, y sobre todo a mi madre, le alivió de una humillación que, de estar en plenitud de facultades, no se la hubiera permitido a sí misma. Hoy, tras seis meses de vacío pienso en lo que nos ha regalado de despedida: mucha paz, mucho amor y más unión entre nosotros. Si apostara, conociéndola, seguro que lo hubiera firmado como mensaje de despedida. Sé que es poco objetivo hablar bien de una madre pero no puedo evitar decir de la mía que es, a día de hoy, la mujer más honrada, humilde y generosa que conozco. Para bien o para no tan bien, soy todo lo que soy es gracias ella. Y creo que no me equivoco si digo que mi padre y mi hermano pensaran igual de ellos mismos. Y la única forma que se me ocurre para honrarla es cuidar de los míos y ser lo más feliz posible.

A vosotros os agradezco el cariño que le habéis dado a mi padre y me consta que os lleva en el corazón. Yo desde aquí os quiero enviar todo el ánimo posible. A los que cuidáis de personas como mi madre. Sois para mí un ejemplo a seguir y un espejo en el que me gustaría mirarme. Hay que estar hecho de una pasta especial. Gracias por existir.

A los familiares por la compañía y mi reconocimiento por estar ahí al lado de vuestros seres queridos, sin pedir nada a cambio y como un mero acto de amor.

Y a Luz por su mirada, por su complicidad, por tener siempre un gesto con mi padre, por romper el blindaje – obligado por tu puesto- y acercarte a una historia de las muchas que han pasado por delante de ti en este tiempo. Gracias por tu relato.

Lo único que lamento de todo esto es que no hayáis tenido la oportunidad de conocer a Carmen en plenitud, ella sí os habría enamorado. Pero pienso que de haber sido así, no hubiéramos tenido nosotros la oportunidad de conocer a personas tan maravillosas como vosotros. Gracias Mamá por eso también.

Un fuerte abrazo y mucho ánimo, Manuel.

6 comentarios en «PARA CARMEN. “GRACIAS, MAMÁ”»

  1. Es verdaderamente emotiva. Este tipo de cosas son las que te hacen ir cada día a trabajar con otro talante sabiendo que lo realmente importante son las personas que allí están, por encima de todo lo demás.
    La empatía es la base de nuestro trabajo, la base de lo humano.
    Tantas y tantas familias en la mente ahora mismo, amor para los que quedan y paz a los que marchan.

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  2. Buenas tardes: Disculpad y sin ánimo de acaparar ningún protagonismo. Sólo precisar que el agradecimiento es a todos vosotros/as. Quizá mi largo texto despista. Y recordad que hay muchos otros trabajos. Lo que no hay son muchas personas como vosotras para hacer el vuestro. Las personas pueden hacer muchas cosas pero algunas cosas solo se pueden hacer por unos pocos. Y ahí estáis vosotras. Sois especiales, creéroslo! Gracias y ánimo!

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  3. Ánimo para la familia de Carmen y Manuel….para sus dos hijos, a los cuales no conozco personalmente, pero si de verlos allí en la residencia algunas tardes que he coincidido con ellos al ir a visitar a mi madre. Es bien cierto que cuando estás allí cada tarde, solo con lo que presencias, acabas haciéndote partícipe de las historias de cada paciente y de sus familias y sientes los desenlaces finales..por lo de “crueles” que tienen. Un saludo. Amparo Viñas Alburquerque.

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  4. Bueno, que decir después de leer todo esto, llevo algo más de 3 años en esta profesión y no podría describir tan bien como lo has hecho tu lo que se vive ahí dentro.
    La enfermedad es devastadora, las familias son sin duda los que más padecen y como dices, es duro tener que decir “gracias” al cáncer, pero creo que diciendo eso ya se está dejando claro lo que es el alzheimer…
    Nosotros vemos por desgracia al cabo del día, meses y años muchos familiares padeciendo junto a nosotros la maldita enfermedad pero las cosas como son, hay familiares que tienen una categoría humana de un nivel extraordinario y ese es vuestro caso.
    Jamás se os ha visto una mala cara, una queja, siempre agradecidos, comprensivos, entendido que por más que qué queramos no nos llegan las manos a todo y sobretodo MUY BUENA PERSONAS.
    Cada vez que veo a tu padre venir a vernos y saludarnos me alegra todo el día y me emociona hablar con el y preguntar por vosotros y ver que habéis podido remontar y que poco a poco vais estando mejor.
    Un abrazo enorme para todos y gracias por lo que nos habéis aportado.

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  5. Manuel, acabo de leer tus bonitas palabras y quiero agradecértelas, porque nos sirven de apoyo a todos. Tuve la inmensa fortuna de conoceros y compartir tardes con vosotros, fundamentalmente con tu padre, cuya amistad aún conservo, porque se trata de esas personas únicas que llegan a tu vida para quedarse, aún cuando no las veas con asiduidad. Maravilloso el amor que se desprende en la lectura, sin duda fruto del recuerdo y la impronta de una gran mujer. Gracias.

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