NUEVO ATAQUE A LA PROTECTORA MODEPRAN DE VALENCIA

Ayer volví a recibir una mala noticia en un mensaje que me decía: HAN VUELTO A ATACAR EN LA PROTECTORA. Lo recibí justo cuando me dirigía hacia allí con toda la ilusión, felicidad y alegría por lo que esta semana habíamos vivido. Cuando leí el mensaje se me cayó el mundo encima, sin saber nada más que esa frase, porque desgraciadamente sabía lo que significa y conlleva. Tragué saliva con el nudo en el corazón, ese nudo que reconocía perfectamente que hacía tres semanas había vivido ya. Un dolor que me obligaba a retener las lágrimas porque sin saber lo que había ocurrido vinieron a mí las imágenes de Max ensangrentado, triste, apagado. El miedo y la tensión en los demás perros que habían vivido un infierno, así que traté de respirar hondo para no ahogarme por la pena cuando leyera el resto del mensaje.

No trabajo en la Protectora, quiero dejarlo claro, tan solo colaboro con ellos de vez en cuando pero hay algo que tengo muy claro, cuando amas a los animales y entras a formar parte de una de ellas ya no puedes salir, es para toda la vida.

Leí con pena el resto del mensaje. Más de veinte perros sueltos de las jaulas, con lo que eso significa para ellos, sangre por todos lados, y 5 perros heridos una de ellas parecía que era más grave. En ese instante, en el coche, supe lo que me iba a encontrar, pero nunca alcanzas a acertar la suposición con la realidad. Entré y el ambiente era tan dantesco que apreté los puños para no llorar. Sangre… perros nerviosos… ladridos que se notaba reflejaban el miedo pasado. Entré hasta el cuarto donde estaba la veterinaria y allí vi a Juna. Esa perra adorable, un alma cándida, dócil, buena, cariñosa… al mirarla no puedo expresar con palabras lo que sentí, podría decir que rabia y pena, pero creo que fue la mayor impotencia que he sentido nunca. Estaba temblando, muerta de miedo, sus ojos me daban a entender que se encontraba realmente mal, acerqué mi mano con cuidado para no asustarla más de lo que ya estaba, me olió y me miró como dándome permiso para acariciarla, pasé mi mano por su cabeza con cuidado porque se le notaba mal. Me sorprendí cuando la veterinaria con voz rota me dijo “no le toques el lado tiene algo grave ahí” ¡Y vaya si lo tenía!, tuvieron que operarla ayer mismo de urgencia porque le había clavado algo en el pulmón. En ese instante se la llevaban al hospital veterinario para ver la gravedad que vaticinaba con tristeza la veterinaria.

 

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¿Estos ojos y este cuerpo explica mejor que yo la situación, verdad?

 

Después estaban los otros Nahs con una uña arrancada, Salchichori con una pata que no podía levanta para hacer pis, Guapo con heridas en la cabeza, Kairo ¡pobre Kairo! La vez anterior fue el que lanzaron por la valla, esta vez también recibió lo suyo. Y no solo ellos, el ambiente, ese ambiente que notas nervios por parte de los perros, tristeza, rabia y lágrimas por parte de l@s voluntarí@s y trabajadores que se ven impotentes y que sienten cada herida, cada golpe como si lo hubieran recibido ellos.

 

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Y es que una se para a pensar allí rodeada de tanta tristeza estos animales ya han sufrido lo suyo, muchos han sido maltratados físicamente, otros tan solo con el abandono también lo son emocionalmente. ¿Por qué ellos? ¿Por qué entrar a un lugar cerrado donde durante todos los días del año se esfuerzan para dar amor, y en unos pocos minutos echar todo ese trabajo por tierra para entregarles más maltrato? ¿Por qué uno puede actuar sin recibir castigo ante esta salvajada? Entonces la respuesta más dolorosa que existe ante este ataque brutal, salvaje y despiadado te deja todavía peor, no hay castigo para el autor que va por ahí impunemente. Ese es un grave problema no tenemos leyes lo suficientemente contundentes como para amparar a los más necesitados. Los animales dependen de nosotros ¿y qué les damos cuando ocurre algo así? Inseguridad. Sí, porque por mucho amor que den los trabajadores, voluntarios y amantes de los animales, nadie nos asegura que no vuelva a pasar, y que además, lo que suceda sea peor de lo que ya ha sucedido. Con lo que a tod@s los que amamos los animales se nos queda el miedo en el cuerpo, la rabia en el corazón y el gesto de incomprensión ante este desamparo.

 

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Además de la soledad, claro. Y cuando me refiero a la soledad me dirijo a la representante de los animales, Gloria Tello. Quien en ningún momento ha sido capaz de acercarse hasta las instalaciones para dar un poco de calor a la gente que tan mal lo está pasando y cariño a los que ella representa. Y lo que es peor, sin dar ninguna clase de solución ante la falta de respaldo judicial. Es un lástima que cuando ocurre algo así, no se acerquen jueces, ni representantes políticos para darse cuenta de la magnitud de tal acto. Es una pena que se siga dando la espalda y que tengamos que esperar una desgracia mayor para que se tomen medidas. Y aquí me remito a mis propias palabras sobre entrar en una protectora, no sé si la representante de los animales las recuerda. El que ama a un animal… siempre vuelve.

 Desde este blog me gustaría pedir ayuda a quienes nos la puede dar, que no son otros que los representes de la consejería de Bienestar Animal. A los que creímos nos iban a ayudar de verdad porque así lo decían, a los que entregamos nuestra confianza y nos la han dado de vuelta completamente rota. Lo único que quiero es dar voz a los que han sufrido este dolor, este ataque y pedir más medidas de seguridad. Que esto no se quede en un lamento y sí en una solución al problema.

Y como no han estado en el lugar de los hechos con los animales he decidido poner estas fotografías, al menos. para que quede constancia del estado en el que se encontraban, evitando las más crueles para ver si así ese corazón que dícese animalista en la concejalía de bienestar animal bombea con algo de amor por ellos que tanto nos necesitan. A todos, incluidos a ustedes.

 

 

 

 

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