MUDANZA SOBREVIVIR O MORIR

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He hecho varias en mi vida, pero ninguna como la de ahora, ¿será por qué me hago mayor y tengo menos aguante? ¿O será porque es un reverendo coñazo hacer una mudanza en verano con alerta de calor máximo? ¡Vamos… que nos estamos abrasando! Para no deprimirme por la primera parte diré que cincuenta y cincuenta.

Empecé con mucha fuerza y decisión, pero por el camino se me fueron quedando la energía, algún pequeño reguero de sangre, algún trozo de uña y algún trozo de piel.

No entiendo cómo pueden salir tantas cosas de los armarios, tanto papel, en mi caso es lo que más ha aparecido, parecía que se había reproducido… ¿tanto escribo? Se ve que sí, me he acordado varias veces y no de muy buenas maneras, de mi incontinencia verbal.

¡Y la fuerza que hay que hacer para mover los muebles! ¡Y lo que pesa todo! ¡Y lo complicado que es una sola hacer tantas cosas pesadas a la vez!

Como anécdota diré que el día que vino la furgoneta para llevarse mis muebles… el chico, amigo de mi padre, me pidió ayuda en un momento dado. Según él no debía hacer nada extraordinario, él empujaría la nevera hacia arriba para subirla hasta la furgoneta y yo tan solo debía acompañarla para que él pudiera ponerla en pie, ¡ay virgencita mía qué este no me conoce! Pensé. El muchacho contó hasta tres, le dio un golpe hacia mí, la nevera parecía que se me iba a comer y acabé clavándome una estantería en mi antebrazo ¡y porque estaba la estantería si no salgo por el cristal del parabrisas!

Es la primera vez que me hago cargo de todo lo que es mudarte, incluido cosas que no había hecho nunca como manualidades varias. Partiendo de la base de que soy bastante manazas era todo un reto.

Lo mejor ha sido tapar agujeros, nunca había osado tapar uno. ¡Y cómo todo en la vida hay una primera vez! El primer agujero que tapé quedó tipo olas del mar, pero yo lo veía bien, aceptable ¿qué tiene de malo que no quede liso? ¡Si lo importante es que se tape el maldito agujero! Vale… vale… lo he pillado al segundo ¡qué luego se nota cuando pintas y queda fatal! Después le fui cogiendo el tranquillo, ya me daba igual que fueran agujeros redondos, largos, incluidos aquellos que no podría definir la forma. Aunque como decía la Panto, hoy quiero confesar que lo peor era subir y bajar la escalera… ¡cómo me dolían los gemelos! Parecía que se habían multiplicado y se habían convertido en cuatrillizos ¡o sextillizos!

¿Y qué me decís de quitar tornillos? Mi blacandequer (Black and Decker bien dicho aunque la mía era Bosch) y yo parecíamos una, pero claro, tampoco había quitado tornillos con lo que el primero pensé que la máquina no funcionaba bien, yo le daba y el tornillo no salía, durante un ratillo corto (por no quedar muy mal) le di a la máquina sin éxito, hasta que me di cuenta que había otra opción para girar al contrario ¡y salieron a toda pastilla!, tan rápido que el tornillo se fue a tomar viento. Quitar clavos ha sido un poco más complicado, las alicates ¡no sé quién las inventó pero fue un acertado invento! Eso sí, me he dejado alguna uña y estando en el balcón casi se me cayeron a la calle de la fuerza que tuve que hacer, se me fueron para atrás y en estuve en un tris de darle al señor policía que había debajo. ¡Aún no estaba la ley mordaza así que me habría salvado de ir al calabozo por atentar contra él! ¡A ver quién se va a creer que habría sido un accidente de una inexperta albañil! Y quitando esas tachas que son finas y se clavan en la madera ¡fue otro experimento!, me encontré con el martillo y pensé que doblarlas para que nadie se clavara alguna iba a ser lo más sencillo darles golpecitos ¡y listo!, hasta que me clavé una tacha en un dedo y empezó a salir sangre. ¡Gajes del oficio de novata!

Después está que quitas una mesa y la dejas en un sitio, pero después, ese sitio lo necesitas para dejar el mueble de los cd, ¿qué haces? Moverlo todo… y así podrías pasarte horas y horas y horas como si tuvieras el tetrix en tu casa. Como muestra un botón. He bajado una mesa para llevarla a casa de mis padres, huelga decir que a los pobres les he pegado una paliza grande todo ha ido a parar al chalet, y de eso se han encargado ellos. ¡Ay amiga! La mesita pesaba lo suyo pero he ingeniado bajarla con una manta en las patas estirando de ella… hasta que al llegar a la calle ¡qué casualidad!, está el canal de desagüe para cuando llueve, he tenido que llevarla a pulso y tratar de meterla en el maletero, imposible, porque como buena miope no tengo sentido de la medida, he tenido que sacarla, lo he intentado dentro del coche en el asiento trasero ¡menos todavía! Así que… una vez bajada de casa he tenido que volverla a subir. Así con casi todo… ¡esto es pesadilla de mudanza!

Y para rematar, ¡nunca he llevado tantos morados en mi cuerpo como ahora! Arañazos, morados, golpes y, para rematarlo hoy, se me ha caído el tablero de una mesa de madera encima del pie.

Por todas estas razones, con la Bosch en la mano he mirado al cielo y he dicho:

A DIOS PONGO POR TESTIGO

 QUE NO HARÉ MÁS MUDANZAS,

 NI USARÉ MAS DESTORNILLADORES,

 NI ALICATES ¡NI MUCHO MENOS MARTILLO!

 NUNCA VOLVERÉ A CLAVARME LAS MALDITAS TACHAS

 NI YO NI NINGUNO DE LOS MÍOS.

 AUNQUE TENGA QUE DORMIR BAJO LAS ESTRELLAS

 ¡A DIOS PONGO POR TESTIGO QUE JAMÁS VOLVERÉ A HACER UNA MUDANZA!

2 comentarios en «MUDANZA SOBREVIVIR O MORIR»

  1. Pues espera al desafío de las cajas….. En qué caja puse los vasos? Ah!! Si, era esta. Ahhhhhh! Pues no. Probemos con esta otra….Y así hasta tenerlas todas abiertas y los vasos…..DESAPARECIDOS. Pero todo tiene un final, no desesperes.
    Un beso

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