MIÉRCOLES 10 SEPTIEMBRE

Ayer, os hable de los personajes de la próxima novela, también os he hablado de cómo nacen las historias, de cómo corregirlas. Hoy quiero hablaros de la complejidad que tuvo, para mí, escribir “Sobreviví a los 50”. 

Imaginad que despertáis de una pesadilla, no os quedan ganas de revivirla, ¿verdad? Pues, algo así me pasó para enfrentarme a su creación. 
No creáis que, por ser una experiencia personal, los personajes fueron más sencillos de crear. Más bien, fue al contrario. Salirme de mí misma como propio personaje, para poder representar la esencia de cada uno, fue complicado. Reflejar el dolor de un personaje, a veces, cuesta más que la alegría. Sin embargo, según me contaron, plasmé lo mejor de cada uno. Reflejar la lucha del ser humano con la esencia de la incertidumbre, os aseguro que me ocasionó algún que otro rompecabezas.
Los personajes de “Sobreviví”, todos, son unos luchadores incansables que lograron, juntos, mover el sentimiento mas importante para vencer en esa lucha, la fe basada en el amor, entre todos.
Para mí, fue una prueba de fuego. Hacer florecer mis recuerdos, amargos la mayoría, recrear el miedo, nuevamente, pero recurrir a la ironía para hacer una historia lo más positiva posible. Aunque parezca mentira, fue un duro trabajo. Y, os aseguro que, cuando la finalicé, cerré el archivo sabiendo que nunca más la volvería a leer. Afortunadamente, para mí, no fue así. Creo que, a veces, es necesario darse cuenta de lo afortunada que se ha sido en la vida y que hay que luchar, día a día, por sobrevivir y tratar de ser feliz. Este libro consigue ponerme los pies en la tierra, saber que soy vulnerable y que, día que vivo, día que agradezco. 
Escribir la novela fue un regalo para mi madre y también sé, por terceras personas, que les ha servido para no decaer en la batalla. Y solo por eso, me siento feliz, muy feliz

Deja un comentario

Compártelo en Twitter

Twitter