MARIE CURIE

 

Cuando me puse a leer la biografía de Marie Curie pensé cómo contarla. Podría hacerlo de una manera más concreta con datos y cifras de lo que significó su vida como científica, pero lo que me llama la atención de su historia es la lucha como mujer que tuvo que sobreponerse ante todos los contratiempos que le fueron poniendo las normas de los hombres.

Sabemos que fue la descubridora del Radio, que vivió en la más pura austeridad porque su trabajo no fue valorado hasta algunos años después de descubrirlo. También que ella tuvo la gran parte del merito de sus descubrimientos pero sin embargo, fue su marido el que pudo ejercer como catedrático Físico en la Universidad de París y entrar en la Academia Francesa porque le estaba prohibido ejercer a las mujeres. Tan solo cuando él murió, ambos títulos pasaron a su posesión y pudo desarrollar su trabajo como catedrática.

Me llama la atención la joven Manya Sklodowska, como era conocida en su Varsovia natal. Esa parte desconocida de cómo se fue forjando la fuerza de la triunfadora. En el aspecto familiar Manya sufrió la pérdida de su hermana mayor y posteriormente la de su madre, unido a los problemas que empezaron en su vida al llegar los Rusos a Varsovia. Su padre se quedó sin trabajo como científico teniendo que dar clases a alumnos en su casa para poder mantener a la familia. Por otra parte, en el aspecto estudiantil era una niña que destacaba por su nivel de concentración, pero también porque era una alumna solitaria siempre rodeada de libros. Al finalizar los estudios secundarios sufrió una depresión nerviosa que le hicieron abandonar Varsovia y marcharse al campo. Después estudiaría en la Universidad Volante al margen del sistema educativo ruso.

Además si algo tenía Manya era un espíritu solidario fortísimo. No le importaba vivir en austeridad, como lo hizo en una gran parte de su vida. Cuando tuvo la ocasión de trabajar para poder pagarse los estudios, fue contratada como institutriz de una familia acaudalada. Allí empezó a desarrollar su lado solidario en sus horas libres organizó una escuela para educar a los niños de los trabajadores. Su mayor problema residía en sus emociones, su condición nerviosa y muy propensa a la ansiedad, la empujó a convertirse en una mujer amargada tras su primer fracaso emocional. Cuando miras uno de sus retratos ves a una mujer apagada pero al mismo tiempo refleja a una mujer de mucho carácter. Ayudada por su hermana que vivía en París se centra durante sus dos primeros años allí en actualizar sus conocimientos. Durante ese período de tiempo tuvo que saborear las escaseces de la vida pero le vino bien para curar sus problemas nerviosos.

Estudió en la Universidad de la Sorbona, allí sus compañeros la apodaban “la estudiante silenciosa”. Además levantaba cierto desdén entre sus compañeros por su forma de vestir, a ella lo único que le importaba eran los libros, no tenía amigos y durante aquellos años vivió nada más que para adquirir conocimientos.

Se casó después de que su marido Pierre Curie tuviera que insistir lo suyo para lograr que aquella mujer solitaria diera el sí quiero. Tuvo dos hijas y entre el nacimiento de una y otra se propuso terminar su tesis, algo que nunca había pasado con ninguna mujer.

La escasez de esa primera parte de convivencia del matrimonio les obligó a trabajar en condiciones bastante deplorables en su propia casa, teniendo en cuenta los materiales con los que trabajaban uranio, polonio y radio, pagaron en su propio cuerpo los efectos de los mismos. Fue Marie quien utilizó por primera vez en la historia el término de radioactivo. Y fue esa radioactividad la que le produjo lesiones en las manos. Cuando tuvieron que ir a recoger el primer Premio Nobel, ella no lo pudo hacer por la reciente muerte del hijo que esperaban y que nació prematuramente. Ajena a los males que aquel descubrimiento producía, su propia hija la ayudaba con los experimentos quedando igualmente expuesta a los efectos del mismo.

Enviudó al poco tiempo de recibir el Premio Nobel de Física y aquel acontecimiento provocó que se encerrara en sí misma nuevamente. Su incansable trabajo la llevó a ganar en solitario el Premio Nobel de Química y se convertía así en el primer científico que lograba ganar sendos premios.

Marie fue una mujer con un sentido de la solidaridad enorme, no solo se expuso con los continuos experimentos para poder ayudar a los enfermos de cáncer, si no que también estuvo trabajando en diferentes maquinarias para poder hacer llegar a los médicos que trataban a los heridos en la Primera Guerra Mundial. Ella y su hija Irene no dudaron en ir hasta el mismo frente de guerra a los hospitales de campaña para enseñar como utilizarlos y descubrir balas y efectos de metralla en los cuerpos de los heridos. Fue la primera directora honorífica del Instituto del Radio que se creó en Varsovia. Fiel así misma y a su manera de ver la vida, decidió no patentar sus conocimientos para ponerlos a disposición de los científicos.

Murió de leucemia en la más estricta sencillez, siendo tan humilde y discreta como cuando estudiaba en su Varsovia natal. Poco después, moriría su hija víctima también de la exposición radioctiva, así como el marido de la misma también de cáncer.

Es increíble cuando lees su historia descubrir que era una mujer luchadora que expuso no solo su vida si no, también la de su familia y al trabajar en su propia casa, por ende a todo su vecindario que sufrió al igual que ellos diferentes cánceres, para poder ayudar a los demás. A esa ayuda a los médicos de hospitales de campaña durante la Primera Guerra Mundial hizo que le pusieran el sobrenombre de: Bienhechora de la Humanidad.

Einsten dijo de ella:

Madame Curie es, de todos los personajes célebres, el único al que la gloria no ha corrompido.

Para finalizar esta apasionante vida de una mujer tan influyente quiero resaltar que en la Biblioteca Nacional de Francia se encuentran sus libros la mayoría están guardados en los sótanos de la biblioteca en un montón de cajas de plomo que guardan papeles, cuadernos e incluso libros de cocina.

Unas cajas que componen la colección de Pierre y Marie Curie y que después de todos estos años siguen siendo peligrosamente radioctivos. Muy radioactivos, de hecho. Tanto que los investigadores que desean acceder a esos documentos no solo deben manipularlos con ropa de protección, sino que tienen que firmar un descargo de responsabilidad. Tanta radiación contenía su cuerpo que, para poder enterrarse en el Panteón de París (donde Francia entierra a sus figuras ilustres) y según cuentan las crónicas de la época, hubo que confeccionarle un ataúd con paredes de plomo.

 

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