LOS DOMINGOS EN FAMILIA

Esther Gomez Noticiero

http://sonandocuentos.blogspot.com.es/

Ayer, tuve la suerte de poder compartir una conversación con mi querida Amparo. Y digo suerte, porque siempre aprendes cosas nuevas, refranes y dichos que no sabías, vivencias pero, sobre todo, en mi caso recibo su cariño que para mí es muy importante. ¡Soy afortunada!

Ayer, la charla fue tan intensa en emociones que me hizo volver atrás en el tiempo, retroceder en mis días. Esto acompañado por una jaqueca importante ha hecho que esta noche, en lugar de dormir, mi cabeza se haya llenado de palabras. ¡Ya sabéis! Y ha sido de esta manera donde he podido llegar a esta reflexión o relato. ¡Los domingos en familia! ¡Cuánto los echo de menos! ¡Qué suerte tenéis los que podéis sentaros alrededor de una mesa con vuestros mayores!

He recordado de manera tan real que era como volverlo a vivir. Cuando amanecía el domingo, tras dejar a Pepa aseada, vestida y sentada en el sofá en nuestra casa, mi hermano y yo, íbamos a recoger a mis dos tías viudas hermanas de mi abuela Conchín, y a mi abuela. Era cómico. Veréis. Mi hermano y yo íbamos con mi viejo Ford Escort hasta la casa donde vivían las tres hermanas. Las bajábamos de casa, las subíamos al coche distribuyéndolas de igual manera domingo tras domingo para que no hubieran choques entre ellas. Dida de copiloto, mi hermano, detrás, en medio de Conchín y Mari. Entonces le daba al contacto, empezábamos a recorrer las calles de Valencia que nos separaban una casa de la otra, no más de veinte minutos. Aquel hecho era como si nos introdujéramos en otro mundo. Dida nos contaba que tal iba de su artrosis o estreñimiento, daba igual, Mari desde el asiento trasero iba criticando a Dida por todo cuanto contaba y mi abuela, nos contaba el argumento de la película que había visto la noche anterior. Conchín era una devoradora de cine. En ese momento yo miraba a mi hermano por el espejo retrovisor y nos dedicábamos una medio sonrisa que nunca olvidaré. ¡Vaya tela… que trío! Más o menos era lo que venía a decir… Hoy, daría muchas cosas por volver a ir a casa de mi abuela a recogerlas, a que me contaran sus historias en el coche, a que mi tía Dida pusiera verde a Aznar, bueno ahora pondría verde a Rajoy, claro, a reírnos con las ocurrencias y despistes de Conchín… sí… hasta escuchar a mi tía Mari poniendo en tela de juicio todo lo que su hermana mayor contaba. Sí… hoy lo echo tanto de menos. Después del camino, llegábamos a casa, comíamos y esas sobremesas de cháchara eran un lujo. ¡Cuánto aprendíamos de ellas! Nos contaban historias, a veces, cuando ya éramos más mayores contábamos las nuestras y siempre opinaban… te hiciera falta o no. Quisieras escuchar una buena ración de advertencias o no. En invierno como tantas veces os he dicho, la sobremesa se hacía rodeada por la calabaza al horno, el boniato, el café… en verano con las lionesas de nata y trufa, las de trufa para mi padre y para mí, ¡no podían faltar! Y cuando, por fin, volvíamos a llevarlas a casa, nuevamente, el coche se convertía en un mundo a parte. Todas querían hablar, todas querían contar cosas era como si el domingo nunca fuera suficiente.

Una vez las dejábamos arriba en casa, porque la tía Dida era muy fácil que cayera debido a su estado de salud, volvíamos al coche, nos poníamos el cinturón y… ¡qué maravilloso silencio! Un silencio que casi a la par mi hermano y yo rompíamos con un suspiro de alivio. Al segundo siempre acabábamos riéndonos, comentando las anécdotas de aquel domingo que, por fin, tocaba a su final.

Ese es mi recuerdo y mi añoranza. Tal ha sido para mí la añoranza que he tenido que coger mis álbumes de fotos, para al menos, revivir esas caras sonrientes de mis mayores, y así, sentir algo de paz porque en esos momentos en que yo no sabía lo importante que eran para ellas, al menos, me queda el reflejo de las fotografías de que sí lo hicimos bien, ajenos a la realidad de sus corazones y sentimientos, quizá, pero lo hicimos.

Y fue gracias a Amparo, quien me dio una visión distinta de esos domingos de familia. Nunca me paré a pensar realmente ¿qué significaban para mis mayores? Ayer obtuve la respuesta, y sentí un pellizco en mi alma y de ahí mi añoranza de hoy. Quizá somos tan egoístas que no apreciamos lo que ese mismo día puede significar para nuestros mayores. Es ese momento en el que se sienten a salvo, donde vuelve todo a ser como ellos en algún instante de su vida soñaron, rodeados de sus hijos, nietos, yernos o nueras, algunos incluso ya con biznietos… pero ahí está su hogar, su alma, por lo que tanto han luchado en la vida. Esos instantes en los que a veces, ni siquiera hablan y, si son muy mayores, ni siquiera pueden llegar a escuchar bien lo que se dice, pero saben que están… saben que son… que es el núcleo de esa familia que debate, comparte o discute sobre deporte, política, habla sobre el maldito recibo de la luz que nos ahoga, sobre la cesta de la compra, las dificultades para subsistir, hablan de cosas que ellos ya pasaron, y que son conscientes que los demás debemos vivir. A veces opinan, a veces no, pero siempre en la soledad repasan lo que sucede a ese número de familiares que los domingos alrededor de una paella o un buen cocido, les hacen feliz. Esas horas que compartimos en las que la figura del abuelo o la abuela, es el centro de todo aunque no siempre sea bueno… claro, pero es ese punto en el que después cuando no lo tienes te das cuenta de lo, verdaderamente, importante y significativo que eran esas reuniones. Esos domingos compartidos, esas risas que a veces no nos damos cuenta pero para ellos son instantes especiales ¡no hay nada más difícil qué hacer reír a un mayor! ¡Pero también es tan necesario! Quizá por eso los domingos son tan necesarios. Es el nexo de un mayor con su alrededor, sus raíces. Es el mayor instante de amor que vivimos sin a veces percibirlo.

Mi abuela decía que mirar el pasado es vivir dos veces, reconozco que hoy domingo, miró mi pasado para poder refrescar en mi memoria esos momentos, porque sí, los echo de menos. Y más sabiendo que lo que para mí era un día algo pesado, para ell@s significa un día feliz.

¡Feliz domingo para aquellos que pueden compartirlo!

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