LA VOZ DE UNA MADRE EN ESPÍRITU

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Anoche, como todos los sábados de madrugada, en la más absoluta oscuridad de mi habitación, me dispuse a escuchar “milenio 3”. El programa de radio de Íker Jiménez y todo su maravilloso equipo que, a los que nos gusta el misterio y las noticias contadas desde otro punto de vista, consigue que no podamos dejar de escucharlo y asombrarnos.

Confieso que, a veces, paso miedo, pero miedo de verdad, de taparte la cabeza y cerrar los ojos mientras nos invaden con una música que consigue asustarte. En otras ocasiones, me indigno por lo que escucho, sobre todo cuando nos demuestran cómo nos manejan las altas esferas. Sin embargo, anoche, sentí una emoción que va más allá, nunca mejor dicho, al escuchar esta historia.

Hablaba Íker sobre el nexo de unión entre una madre y su hijo. La fuerza que tiene esa relación. Y, ayer, cuando escuchaba lo sucedido a una niña de 18 meses, en la población de Spanish Fork (Utah EEUU), en un río gélido y tras 14 horas allí metida, sentí una emoción abrumadora.

Sucedió lo siguiente:

Un pescador vio un coche en el río, dio aviso a la policía diciendo que veía una mano, lo que significaba que en el interior había una persona. Rápidamente, se personaron cuatro policías, era indudable que la persona habría fallecido. Los policías se detuvieron porque el agua había entrado ya en el coche, en ese momento en que se pararon, los cuatro escucharon una voz alta y clara de mujer que venía desde el interior del coche, diciéndoles:

-Ayudadme, ayudadnos.

Los cuatro, al mismo tiempo, salieron corriendo hacia el coche y, al llegar, vieron con asombro cómo, en el asiento trasero, había una silla de bebé y, en ella, una niña colgada boca abajo, con el agua ya a escasos centímetros de su cara. Rápidamente, sacaron a la pequeña y la trasladaron a un hospital.

Los cuatro hombres, aún perplejos, narraban la historia de la misma manera. Aquella voz de mujer, que venía del coche, fue quien les hizo reaccionar y, gracias a ella, la pequeña estaba viva. Aseguraban, además, que no había nadie alrededor, ninguna mujer cerca de ellos, e insistían que la voz salía del interior del coche.

Ese nexo del que hablaba Íker podría ser el que hubiera hecho que, el espíritu de la madre, tuviera la fuerza suficiente como para pedir ayuda para salvar a su hija. Quizás, aún estaba allí… al lado de la pequeña… como un ángel, sin cruzar todavía al otro lado, tratando, desesperadamente, de salvarla. Porque la fuerza que tiene una madre, ante el peligro de sus hijos, es tan potente que podría conseguir lo que esta mujer consiguió al establecer contacto con los hombres que, posteriormente, salvaron a su hija.

Es un misterio más de la vida y la muerte. Imagino, como bien dijo Íker esta madrugada, que habrán casos en los que han fallecido madre e hijo, y no ha sucedido lo mismo, ¿por qué en esta ocasión sí?

No lo sé… pero, sea como fuere, me quedo con la llamada de auxilio de la madre, en espíritu:

Ayudadme, ayudadnos

 

 

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