LA SANTA COMPAÑA

 

LA SANTA COMPAÑA

 

El cielo estaba aquella noche de verano más estrellado que nunca. Mi abuela y yo estábamos sentadas junto a la piscina, viendo como las estrellas jugueteaban con el agua que se movía empujada por el suave viento, allí bajo un cielo impresionante, escuché atenta la historia que me contó mientras me tenía cogida de la mano, y mi cabeza reposaba sobre su hombro como tantas otras noches, como tantas veces en nuestra vida.

Mi abuela Pepa fue quien me habló por primera vez de la muerte, la que me dijo que no debía tenerle miedo, la que me contó historias terribles de una guerra que la marcó profundamente. Así que, como no podía ser de otra manera, fue ella quien me habló de la Santa Compaña. En aquella noche estrellada con luna llena, cuya luz iluminaba la montaña.

Mi abuela me contó esta historia que a su vez le había contado su propia abuela

Cuando yo era pequeña y estábamos en el pueblo, mi abuela me decía que no podía asomarme al balcón por la noche, porque a las niñas que se portaban mal venía a llevárselas la Santa Compaña. Cuando le pregunté quien era aquella santa, mi abuela me dijo que eran los muertos que venían en procesión para llevarse a la gente con ellos a la tumba y si te veían, te llevaban con ellos.Como no me lo creí, me contó esta historia que ella misma vivió.

En mi pueblo, Burjassot, la que era mi bisabuela una noche enfermó, y a lo lejos se oyó el canto de unas voces que cada vez se aproximaban más, mi madre me había dicho que me escondiera en la habitación, pero yo al escuchar aquel canto que parecían rezos emitidos por diferentes voces, me asomé a la ventana. Y allí estaban, venían con ropajes viejos, capuchas que tapaban sus cabezas acompañados por la luz de unos velones que portaban en sus manos, pero cuando miré fijamente a una de aquellas figuras, vi horrorizada que no tenía cara y me metí corriendo debajo de la cama. Al día siguiente cuando me levanté mi bisabuela ya no estaba. Así que si no quieres que esos muertos en procesión te lleven, hazme caso y no te asomes al balcón. O verás el horror de la Santa Compaña.

Esta historia me la contaba mi abuela y aunque a veces la recordaba nunca la creí, hasta que un día estábamos en Navarrés porque tu tía se había enfermado, los médicos me dijeron que lo mejor para ella era llevarla allí porque el aire era más sano por sus montañas, estaba seguro que allí se curaría del tifús. Una noche, mientras cosía para ganarme unos duros, escuché a lo lejos como si alguien rezara, me asomé a la ventana y vi como un reducido grupo de personas bajaban por el monte, como este que tenemos delante –me dice mi abuela logrando que se me erice la piel-, cada una portaba una vela y se iban acercando poco a poco al pueblo. Me acordé de la historia que tu bisabuela me contó a mí, muerta de miedo corrí hasta mi hija, la abracé cerrando los ojos con fuerza mientras rezaba un Padrenuestro y un Ave María. Oí como pisadas fuertes y seguras caminaban por la calle, yo temblaba de pies a cabeza, porque sus voces llegaban hasta dentro de la casa, miré a mi hija rogando que no vinieran a llevársela, hasta que dejé de oír las voces seguí rezando y rezando. Después me asomé a la ventana y no vi a nadie. Pensé que quizá me había quedado dormida y, sugestionada por aquella historia que mi abuela me contó lo había soñado, era lo más probable. Pero a la mañana siguiente, cuando fui a por el pan me contaron que el tío Braulio que vivía tres casas más abajo había muerto aquella noche y, que alguien, había visto pasar a la Santa Compaña para llevarse su alma“.

Yo que no era una niña de repente al mirar la montaña os juro que sentí un miedo atroz. Mi habitación daba justo a la parte de la montaña oscura, aquella que no se dejaba acariciar por la luz de la luna. Y en un momento dado podría haber jurado que vi entre los árboles moverse algo, traté de cerrar los ojos pero al fijarme sugestionada por la historia que acababa de escuchar sobre la Santa Compaña, angustiada y asustada fui hasta la cama de mi abuela, para acostarme a su lado mientras cerraba los ojos rogando que no se llevaran su alma. Al día siguiente cuando se lo conté, se moría de risa ¡y yo toda la noche sin dormir!

Muchos años después, cuando fui a Galicia algunas personas me hablaron de la Santa Compaña al explicarles esta historia, se rieron diciendo que alguno de mis antepasados debía ser gallego, y les aseguré que algún día haría una entrada en mi blog sobre esta leyenda gallega.

Lo prometido, es deuda.

imagen:https://raylossuenosprohibidos.blogspot.com.es/2015/02/la-leyenda-de-la-santa-compana.html

1 comentario en «LA SANTA COMPAÑA»

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