LA PRESA, EN MERCADONA

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Todas las noches cuando la Presa acaba su trabajo, se enfrenta a un momento peligroso. Comprar fruta en Mercadona. Todo un reto, todo un desafío.

Félix Rodríguez de la Fuente
Félix Rodríguez de la Fuente

Para contar este pequeño relato, os invito a que imaginéis que quien lo narra es el gran Félix Rodríguez de la Fuente. Y diría así:

Llega la hora en la que la Presa debe acudir a recolectar los alimentos para su manada. Lo hace con la cabeza a punto de estallar por soportar los envites que va recibiendo en su puesto de trabajo, a lo largo de las horas, cual si fueran picotazos de Buitres desgarrando a sus presas. Su caminar acusa ese cansancio mental al introducirse en Mercadona, algo que para las alimañas es sinónimo de debilidad. Llega a la estepa donde se acumulan los alimentos y se dispone a poner el guante  en su mano derecha, y a coger la bolsa para ir introduciendo el rico manjar que la madre naturaleza nos entrega, para posteriormente depositarlas en su cálido hogar. La Presa, ajena a cuanto le rodea, se dispone a recolectar unas manzanas rojas que, aparentemente, tienen buena pinta. Es entonces cuando a su alrededor campean las alimañas, algun águila con sus ojos avizor puestos en el líder de las baratijas, que porta en su mano la rebaja de turno.

El líder pasa por las peras, ahí las dos águilas comienzan a perseguirle haciendo vuelos de caza con bellas acrobacias; llega hasta las manzana Golden, pero el líder pasa de largo mientras las intrépidas aves de rapiña siguen de cerca sus pasos con sus garras preparadas para atacar. Ajena a esos vuelos a sus espaldas, la pobre Presa sigue escogiendo manzanas para su propia manada, es entonces cuando al líder de la manada se le ocurre colocar el precio de las manzanas rojas rebajado. Como el que no quiere la cosa, la Presa se ve rodeada por cóndores, halcones y lechuzas que a codazos van abriéndose paso, dándole en una costilla, revolviéndole la bufanda, estirándole de su bolso, que lleva colgado a modo de bandolera. Y, por último, apartándola del cajón donde descansan apaciblemente las manzanas. Es ese momento, cuando ve con horror cómo águilas, lechuzas y halcones, sin guantes, comienzan a abastecerse de manera salvaje.

La Presa, jadeante, intenta salir de aquellos vuelos que le recuerdan a las frías noches del bosque ibérico donde las lechuzas, con sus ojos abiertos, esperan calladamente la hora de la caza. ¡Y cómo cazan! En un visto y no visto, las manzanas desaparecen de su vista. Hasta que resuena el hermoso aullido del lobo que avisa, en el angosto bosque, que en breves momentos Mercadona cerrara sus puertas.

La Presa sacude su cabeza, entonces lo que eran águilas, cóndores y halcones toman forma en la realidad. Allí está la señora mayor con sus cejas pintadas de rojo. El cincuentón de turno que, todas las noches, acecha con distintas bolsas para llevar las baratijas de última hora. Y el ejecutivo de corbata que, de un empujón aparta al cincuentón. También cobra vida la otra señora que va comiendo una uva tras otra, mientras el resto comienza su lucha a codazos para abrirse paso. Así, una noche tras otra, y así la Presa se jura, cada jornada, que al día siguiente no entrara. Pero olvida que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Bueno, en su caso tropieza cientos de veces. Así que, al día siguiente, la Presa volverá a caer en las garras de Mercadona.

El mundo es espantoso para el ciudadano medio que vive en colmenas, urbes monótonas y horrísonas, calles sucias recibiendo cultura como píldoras y mensajes que no se ha demostrado que sean perfectos. Nuestra era se recordará en un futuro feliz, si es que se llega, con verdadero terror. El hombre tiene necesidad de libertad, del campo, del cielo, de tiempo para no hacer cosas… y aprender e imaginar. Hoy no lo puede hacer.

Félix Rodríguez de la Fuente

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