LA MARAVILLA DE UN ABRAZO

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Dicen los expertos, que un abrazo es una prueba de apoyo importante, el contacto físico no es sólo agradable, es necesario para nuestro bienestar psicológico, emocional y corporal; acrecienta la alegría y la salud del individuo y de la sociedad.

Esta es la explicación que nos dan los entendidos sobre un gesto que a veces olvidamos. Hace poco tiempo, tuve que ir a la despedida de un buen amigo. Apartada en un segundo plano, acompañada por los gatos que viven en el cementerio, me dediqué a observar. El abrazo en un momento como ese es especialmente intenso, suele venir acompañado por algunas palabras de apoyo y ánimo. Sin embargo, depende de quién te dé ese abrazo reaccionamos de una manera u otra. A todos les agradeces el apoyo, pero siempre hay una persona que te rompe. Aquel día recuerdo que había mucha gente, hubo muchos gestos de apoyo y aliento, sin embargo, ninguno fue como con una persona quizá más cercana, quizá más sensible. Aquel abrazo fuerte llegó acompañado de muchas lágrimas por ambas partes. Fue largo donde se podía apreciar la fuerza del gesto, el intercambio de energía.

Desde mi rincón, bajo el sol en pleno invierno, sentí un escalofrío. Y me hizo
reflexionar. ¡Cuánto tiempo hacía qué no abrazaba a alguien! Excepto esos abrazos que recibo al llegar a casa tras un día agotador, ese abrazo que reconforta y sube el ánimo. ¿Cuánto tiempo?

Salí del cementerio recordando a lo largo de mi vida los abrazos que había recibido y los que había entregado. Hoy, con las prisas, con el estrés que ha llegado sin saber qué día hizo aparición, y lo peor, parece no querer marcharse, con los quebraderos de cabeza para llegar a fin de mes… se nos olvida este gesto. Es un regalo, una maravilla que, al menos por mi parte, he descuidado. Siempre debería haber tiempo para esto, para dar y recibir, para sentirse reconfortado. Os invito a recordar cuando fue la última vez que abrazasteis a alguien porque lo necesitaba, o cuando os abrazaron a vosotros.

Ese contacto que te ayuda a sonreír a pesar de la tristeza, a llorar desconsoladamente o, a extasiada de felicidad compartirlo con ese gesto. Los hay tiernos, fuertes, largos, intensos o breves. En mi vida, me han marcado muchos abrazos pero dos, especialmente. Uno fue con mi compañero de trabajo, compartimos el dolor y las lágrimas en un pasillo, aquel abrazo nunca lo olvidaré. Traté de darle fuerzas a pesar de mi propia tristeza, no importaba que no le expresara con palabras lo que estaba sintiendo, porque lo realmente importante era aquel gesto de compartir su dolor. Siempre que paso por aquel pasillo viene a mí su recuerdo y sigue provocándome el mismo escalofrío. El otro, fue en la despedida de mi abuela, cuando mi primo y mi hermano ambos me abrazaron con tanta fuerza que pudimos llorar al mismo tiempo, sintiendo el mismo dolor pero a la vez, tratando de compartir el amor que sentíamos por ella. Fue el abrazo que más fuerza me trasmitió y el que al mismo tiempo más agradecí.

También, lógicamente, están los que compartes alegría, ¡cuándo me saque el carné de
conducir! O una de las mayores alegrías que nos dieron cuando el calvario de mi madre terminó, saliendo de la consulta del médico que nos confirmó que le retiraban la medicación, allí mismo, en la puerta compartimos un abrazo de felicidad ¡maravilloso! O uno que jamás pude imaginar, el Valencia C. F acababa de proclamarse campeón de liga, íbamos por la calle mi hermano y yo celebrando el triunfo, de repente, nos cruzamos con un grupo de gente que no había visto en mi vida, y fue un abrazo grandioso compartido por más de diez personas que gritábamos y saltábamos a la vez.

Creo, sinceramente, que no hace falta recibir un abrazo de un familiar para sentir afecto y cariño, es más, pienso que los abrazos no pueden desaparecer de nuestra vida cotidiana. Si me paro a pensar, mi mejor recompensa en el día es llegar a casa y recibir mi abrazo diario por parte de mi pareja, cuando mejor me siento es en ese momento que lo devuelvo. Hasta cuando abrazo a mis animales sientes que tu energía fluye mucho más sana. Y consigues cambiar el humor y las fuerzas. Creo que es una necesidad. ¡Y si para nosotros es importante, ni os cuento cuando abrazas a una persona mayor! Nuestro ritmo de vida ha cambiado pero no dejemos que nuestros gestos cambien, un abrazo diario debería ser obligatorio. Sin pensar en qué dirán, simplemente, entregar y recibir afecto para ser mejores.

Con ese convencimiento me fui del cementerio, con la seguridad de que un abrazo es tan importante como respirar, de que hay que ser capaz de dar para recibir. Cuanto más demos, más veces recibiremos la maravilla de un abrazo.

 

Uno enorme para vosotr@s

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