LA HISTORIA INTERMINABLE Y EL ACOSO ESCOLAR

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     VIDA

 

Hace muchos años, cuando apenas tenía doce, una persona que después desapareció de mi vida, me hizo el mejor regalo que se podía hacer a una adolescente solitaria. El libro “La Historia Interminable”. Este libro, transformó mi vida. Hasta aquel momento había leído cuentos, algunos libros de autores españoles importantes de nuestra rica literatura, como Delibes, García Lorca, Unamuno… Fui afortunada porque mi familia paterna era una gran devoradora de libros, y me trasmitieron el placer por la lectura. Una de las cosas que más me gustaban de ir a casa de mi abuela Conchín, era sin duda, aquella librería donde mis tíos tenían innumerables libros. Solo con verlos ya me contentaba y me decía “de mayor yo también tendré una gran librería repleta de libros”. Tengo la visión de estar encerrada en mi cuarto, sentada sobre la cama concentrada leyendo, dejándome llevar con las letras que me transportaban a un mundo imaginario donde me sentía viva, me sentía libre. Las paredes que me rodeaban, dejaban de existir, tomaban el color verde, rojo, azul de las líneas del libro, y me llevaban a vivir intensamente la historia. Tanto era así, que alguna vez tenía que sacudir la cabeza para darme cuenta que mi entorno seguían siendo las paredes de mi habitación.

Hasta muchos años después no encontré otro libro que causara en mí el impacto de aquella historia de Michael Ende. Fue quien provocó en mi soledad que quisiera ser como él, soñar que algún día yo podría transmitir en un libro tantas emociones, sentimientos, aventuras, sonrisas o lágrimas, aquel sueño fue también mi chaleco salvavidas, nunca mejor dicho.

A esa edad, a mis doce años, sufrí un revés de esos que la vida te da y casi ni te enteras. Me convertí en una jovencita que acababa de quedarse sorda de un oído. No pensé que fuera tan malo, ni tan grave, ¡pobre ilusa! Estaba convencida que podía engañar a todos haciéndoles creer que no me pasa nada. Le quitaba la voz a la televisión y aprendí a leer los labios de los presentadores de telediario de la época, quien más recuerdo es a Isabel Tenalle. Pensé que lo tenía todo bajo control. Por aquel entonces no existían los términos de ahora, “acoso escolar” “mobbing”, simplemente, el colegio era una jungla donde se salvaban los más fuertes. Desde el momento en que se dieron cuenta que no oía, me convertí en el centro de las burlas de los llamados “compañeros” de clase. Aquello me marcó haciendo que abandonara poco a poco a esos “compañeros” que me amargaban la vida, y me centrara en los libros. Pero no en los de estudiar, no, necesitaba historias de otros, vidas de otros, para olvidarme de la mía. Cuando una noche después de cerrar la tapa de “La historia Interminable” me dije ¡quiero ser escritora! , no sabía que mi mundo iba a centrarse en no vivir mi vida, dejar que otras llenaran mi tormento de la realidad. Recuerdo que no decía a nadie lo que me estaba ocurriendo, lo viví hacia dentro, y para no ahogarme necesité un refugio que me ayudara a sobrevivir, no fue otro que el de aprender a escribir para convertir mi sueño en realidad.

Hoy, a mis cuarenta y (pocos…) años, cada vez que leo o escucho que algún adolescente se ha quitado la vida y escucho a la gente decir ¡tenía que haberlo dicho! Yo les entiendo, entiendo los silencios de los que son acosados, para mí también hubieron momentos en los que pensé quitarme la vida, esa vida que me estaban amargando, pero yo tuve la fortuna de que un libro me diera motivos para vivir, tuve la gran suerte de descubrir un mundo donde no tenía cabida la tristeza, ni los insultos, ni las burlas, ni los papelitos tirados a propulsión con un bolígrafo bic golpeándome. Además, yo tenía otro mundo, aquel de mis mayores, que si bien no era el idóneo para crecer y evolucionar como el resto, era el mundo donde me nutría de historias que después cobraban vida en mi cabeza. Aquellos “compañeros” a los que les deseo lo mejor, porque peor de lo que eran no creo que puedan llegar a ser, provocaron que mi adolescencia fuera un infierno de las puertas de mi casa hacia fuera, pero también, provocaron que mi refugio en los libros me llevara poco a poco a hacer realidad mi sueño.

El día que creé este blog, me sentí orgullosa de haber superado todos aquellos traumas de niña, de adolescente, todos los obstáculos que las burlas habían ido poniendo en mi interior, pero me sentí mucho más feliz, por haber llevado mi sueño hacia delante, por seguir luchando día a día por disfrutar de lo que escribo. Este blog es la continuación de lo que en su día significó “La historia Interminable”. Y por eso, me he animado a escribir esta pequeña historia, porque yo superé, y no fue fácil, aquel acoso que, desgraciadamente, otros no pudieron superar, y quizá ¡quién sabe!, estas palabras puedan ayudar a quien ahora esté en la situación que yo me encontré. Y les digo, que hablen, que lo griten si es necesario, pero que no se dejen pisotear por unos pocos que no son nadie solos, que el refugio de un libro está bien pero, siempre es mejor compartir para evitar que durante muchos años te sientas como quieren que te sientas “una mierda”. A mí me costó superarlo, sigo siendo sorda, sigo con las mismas ilusiones por llegar a cumplir mi sueño de convertir la literatura en mi modo de vida, sigo con todas y cada una de las historias que mis mayores me contaron, que escuché, sigo luchando…quizá… solo quizá… aquellos “compañeros” con la maldad que tenían dentro no puedan decir lo que hoy digo yo.

Aquella historia, fue mi escudo ante el dolor que otros quisieron infringirme y, que por un tiempo lo lograron, sin embargo, aquella historia dio vida a mi alma, a esa alma de escritora que llevo dentro. Y fue ella la que se convirtió en mi chaleco salvavidas. Ojalá, hayan muchas historias que hoy puedan ayudar a gente que esté pasando por esto. Ojalá, alguna de las mías pueda ayudar a alguien a tratar de superarlo, solo por eso, habrá valido la pena todo el camino hasta aquí. Hasta poder decir que yo también sufrí acoso escolar, pero aquí estoy, sin dejar que unos pocos consigan su propósito de hundirme la vida, aquí estoy y estaré, siempre y cuando, queráis compartir mi sueño.

Hay que vivir como una superviviente, no como una víctima, no les des ese poder.

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