LA FERIA, EL FRÍO Y UN LIBRO

Antes de desarrollar el título de esta entrada, quiero agradecer a tres personas su colaboración porque sin ellas no hubiera podido conseguir los ejemplares para ir a la Feria.

Gracias a mi hermano, a Silvia y a Ana.

Hasta llegar a la Feria del Libro he pasado una semana muy intensa, una semana donde los nervios, la emoción e ilusión se han ido mezclando poniéndome a veces al borde de un ataque de nervios. El domingo como ya os conté se oscureció todo, dado que, no tenía tiempo material para acudir al día siguiente porque no tenía ejemplares los había vendido todos en la Feria de Animales. Al final, conseguí que me aplazaran la presencia en la Feria para el viernes. Desde el lunes estuve tratando de conseguir libros para poder llegar a los veinte que les dije llevaría. Os podéis imaginar los nervios cada día que pasaba y no llegaban acercándose la fecha. A todo esto hay que sumarle que el jueves al mediodía, recibí la llamada de una de las chicas de la organización que me decía que debía ir a la Feria vinculada a alguna librería. En ese momento, si alguien hubiera intentado sacarme sangre, ¡no habrían encontrado ni gota! Me quedé perpleja faltaban menos de veinticuatro horas, y debía encontrar una librería que me permitiera estar en una de sus casetas. ¡Realmente complicado porque desde hacía unas semanas había solicitado a algunas librerías que me dejaran estar en algún stand y todas tenían sus listas cerradas! En unos segundos se me hizo todo oscuro, no sabía muy bien qué hacer. Traté de pensar fríamente cómo podría conseguirlo pero no veía solución hasta que volví a recibir una llamada de otra chica de la organización tranquilizándome, ya que como el libro era solidario, me darían un rincón en la feria para poder estar.

Por ese lado, me pude tranquilizar pero los libros seguían sin llegar. ¿Cuándo llegaron? A la una y media de la tarde del mismo viernes con lo que tuve que ir a la carrera para cogerlos. Y una vez en mi poder, volver a correr hasta mi casa para prepararme porque en una hora tenía que estar en la feria. ¡Una locura!

Y llegó el momento de coger mi mochila con los quince libros que había podido reunir. Fui en autobús y, por el camino, por mucho que traté de relajarme fue imposible. No pasaba por mi cabeza venderlos todos, pero tenía la ilusión de poder dar a conocer mi trabajo y como siempre recaudar para la Protectora. Al llegar a los Jardines de los Viveros, lo primero que me encontré fue esto:

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Entré sin saber muy bien hacia donde debía dirigirme, hasta que pregunté a unos guardias de seguridad y  uno de ellos, muy amablemente me llevó hasta la caseta de la organización. Una vez llegué, las chicas que me habían atendido por teléfono me dijeron que me diera una vuelta, y en media hora volviera. Entonces me propuse encontrar eso rincón donde me iban a dejar estar, pero no lo encontré, sin embargo me encontré con esta sorpresa:

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Mientras esperaba, coincidi con una escritora que estaba en una caseta de una librería conocida y me dio unos consejos. Me dijo que me olvidara de la autoedición porque al final te cansas de buscarte tú la vida, que intentara llegar a alguna editorial. Y que no podía ir a la Feria sin alguien que me echara un cable o sería un fracaso. Confieso que me dejó algo preocupada, miraba alrededor y veía que las librerías iban abriendo y los escritores pasaban rodeados por sus libros colocados de manera estratégica, y acompañados por la calidez de la gente de las librerías.

¡Entonces llegó mi turno! Me presentaron a Rosella que iba a ser la chica de la organización que me iba a acompañar en el rincón del autor. No me gustó alejarme del centro neurálgico de la Feria, francamente, me desvíe mucho de ese centro. Es cierto que tenía todo un stand para mí, demasiado grande y demasiado frío. Al final de la feria en una esquina donde el aire y el frío fueron mis compañeros. Enfrente no tenía nada, al lado pegado a mi stand una librería y a la izquierda justo enfrente, otra donde una joven escritora de novelas infantiles tenía todo un derroche de merchandising preparado para la venta de sus novelas. A mí, Rosella me preparó las cosas para que pudiera colocar la publicidad que llevé y los libros.

Y allí estaba yo a las cinco en punto sentada, preparada con los nervios desbordados, y la ilusión desbordándome el interior. Durante la primera media hora no pasó nadie por delante de donde me encontraba, y agradecí enormemente que Amparo viniera a verme. Estuvimos juntas algo más de tres cuartos de hora, en ese tiempo aparecieron unos cuantos fotógrafos y cámaras de televisión, allí estaba Ximo Puig el presidente de la Generalitat. Y como la mayoría de personas que pasaron por aquel pasillo (pocas muy pocas) llegó hasta la joven escritora, se hizo una foto, y se dio la vuelta marchándose. A esas alturas, me temía lo peor por eso agradecí a Amparo que me hiciera reír y mantener mi cabeza ocupada. Después, cuando se fue ella vino mi familia y llenamos un poco el stand.

Y por allí seguía sin pasar casi nadie. Hasta que llegó Silvia con su marido y el peque, otra vez me alegró verlos. Cuando se fueron, llegó Ángela ¡fiel seguidora que ha venido a mis tres firmas de libros! Estuvimos un buen rato hablando. Después llegó Carlos, el autor de la portada del libro, fue quien me compró el único libro que vendí. Y cuando estábamos hablando de repente llegó Marisa con una preciosa rosa que no muere nunca para que me recordara siempre esa primera Feria del libro.

De esta experiencia intento quedarme con lo bueno, y creo que estar el viernes en la Feria me ha dado otra perspectiva de ella. Sentí esa soledad pesada de quien va contracorriente, de quien lucha contra Goliat. Yo era un David convertida en una aprendiz de escritora muy pequeña. Sin embargo, la experiencia de estar me ha hecho ver que para ir a la Feria no puedes ir sola, necesitas apoyo y colaboración. Necesitas estar en una librería que pueda darte esa calidez que a mí me faltó. Y si vas de la mano de una editorial ¡ni te cuento lo que puedes lograr!

Para mí, esa calidez vino en forma de apoyo de muchas personas, Amparo, Silvia, Carlos, Marisa y mi familia que estuvieron a mi lado. De Mark y Raquel que aunque no llegaron a tiempo, yo sabía que contaba con ellos. De todos aquellos que me dieron el aliento por teléfono momentos antes de llegar a la Feria, y mensajes de ánimo. De la emoción de mi tía Pepita. Y por eso me siento muy afortunada.

Reconozco que el sábado lo pasé bastante mal, los nervios de toda la semana y la decepción de lo que ocurrió en la Feria me dejó K.O. Sin embargo, he ido según pasaban las horas encontrando sentido a mi presencia en ese viernes frío y gris, en la vida siempre hay un tropiezo que te hace aprender y superarte. Y para el año que viene trataré de que las cosas se han diferentes porque no pienso desmoralizarme por esa mala tarde. Agradezco las palabras de Carlos en el momento en que recogía porque era un instante en el que reconozco estaba bajo mínimos y, no por no vender, si no, por todo el conjunto principalmente por la soledad de aprendiza de escritora. No imaginé que mi vivencia sería como fue porque tenía mucha ilusión en que las cosas serían mejor.

¿Y qué ha pasado con los libros?

Pues que Marisa, que para mí, es una estrella de buena suerte, ha vendido en dos días nueve, yo he vendido tres, y los tres que quedan van al Kiosko Baleares que me pidieron más ejemplares.

Como anécdota os cuento que pasaron dos señoras y traté de atraerlas saludándolas y una le dijo a la otra.

-Esa chica me ha saludado ¿la conoces?
-No, ni idea de quien es.

Hay que trabajar para que el año que viene sepan quien soy.

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Nuevamente, gracias a tod@s.

0 comentarios en «LA FERIA, EL FRÍO Y UN LIBRO»

  1. ¡Hola, Luz!
    Ahora te leo y me ha emocionado compartir tu experiencia de soledad y en cierto modo, abatimiento. Pero lo que más he ha gustado es esa capacidad de sobreponerte a la adversidad y el aprender de las situaciones difíciles. Eres una gran luchadora y con ese espíritu, seguro que llegarás muy lejos como escritora y como persona.
    Me acordé mucho ayer de ti cuando estaba con mi madre, con la que pasé el día.
    ¡Mucho ánimo y cuenta siempre con mi cariño y el de tantas personas que te lo demuestran también!

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    • Muchas gracias, Paqui. Gracias por tu apoyo y ánimo, ahora hay que seguir preparando cosas alternando con alguna firma, pero ya estoy pensando en la próxima novela.
      Un abrazo, Paqui.

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