LA ESENCIA DE LA VIDA

Hacía mucho tiempo que no dedicaba algo de tiempo para mí y mi soledad. Las prisas del día a día, a veces te colapsan de tal modo que no te permiten darte cuenta de la necesidad de parar y respirar. De ver lo que tenemos alrededor, de captar eso que se llama vida y que tantas veces olvidamos, de las personas que nos quieren y nos necesitan.

Hoy no esperaba tener la oportunidad de esta interrupción en las prisas diarias, ha sido como un regalo inesperado y, como tal, lo he recibido con mayor intensidad si cabe. Debía hacer unas gestiones, me han citado en un lugar que está muy cerca de la playa de la Malvarrosa. Ese inmenso mar repleto de vida y luz. Al finalizar he pensado que podía aparcar en el paseo que queda, realmente, cerca de la playa. He bajado del coche sentándome en el último rincón de la playa, sobre ese muro que delimita la playa del paseo, y he tenido la fortuna de estar sola sin demasiada gente alrededor.

Diez minutos donde parar, donde dejar que la naturaleza y las maravillas de la vida me llenaran de energía. Es el día ideal, un sol radiante, un cielo azul y un mar ligeramente movido. Mirar el horizonte y dejar de pensar es un privilegio. Cerrar los ojos unos segundos, para permitir que el sonido de las olas rompiendo en la orilla me inundara, como si con su música pudiera borrar mis problemas, mis miedos, mi ansiedad. Hacerlo de igual modo que esa espuma acaricia la arena y, se va llevando minúsculos granos, de igual forma que se va llevando cada uno de esos sentimientos que no aportan más que anulación.

Respirar profundamente y al hacerlo sentirte libre, sentir como se abren los pulmones de par en par buscando la paz en tu interior. Observar los rayos del sol jugueteando con el agua, casi como si por un acto reflejo los rayos mágicos entraran en mi corazón dándole un impulso nuevo. La firmeza de la fuerza para seguir luchando día tras día, pero al mismo tiempo, el toque de atención por permitir que ese día a día me robe mi esencia y la esencia de la naturaleza, que está ahí para traspasarnos la energía positiva con la que poder sonreír, sentir el amor y la alegría. E incluso volver atrás y ser esa niña que fui en la playa.

Ser yo, estar para mí feliz para que pueda estar para los demás mejor.

Hoy ante el mar me he reencontrado conmigo misma, con la calma, la fuerza y la esperanza. Con la ilusión. Soltando amarre allí mismo, sacudiendo contra la espuma aquello que me paraliza, llenándome de valor para afrontar nuevos desafíos. La vida en sí misma es el mayor desafío, por eso estoy convencida de que nos da el mejor regalo que es poder disfrutar del sol, la luna, los animales, el mar, el amor, la gente con buen corazón, el verde de las montañas… Todo lo que a ti te haga sentir en paz y te desborde el corazón de alegría.

Os planteo un desafío muy sencillo. Pensar cuando fue la última vez que disfrutasteis durante unos segundos la belleza hipnótica de la luna.

nina-en-la-playa

NIÑA EN LA PLAYA . JOAQUÍN SOROLLA.

Deja un comentario

Compártelo en Twitter

Twitter