JUEVES 28 AGOSTO

Llevo un par de días que, entre médicos y veterinarios, no he podido adelantar mucho. Esta mañana, he seguido corrigiendo el cuento. En breve, me toca ya la lectura, en voz alta, de la novela. Y, justamente, esta mañana, pensaba cómo ha sido mi recorrido, desde que empecé a escribir, hasta ahora.

 

Recuerdo, perfectamente, que todo empezó mientras leía “La Historia Interminable”, mi habitación desaparecía y me convertía en un personaje más del cuento. Hasta entonces, mi infancia, había transcurrido entre cuentos de “Heidi” y “Marco”. Mi abuela me compraba, todas las semanas, un cuento que leía y releía, hasta que salía el siguiente número. Descubrí la lectura y me quedé enganchada a ella. Más tarde, comenzó a picarme el gusanillo de querer escribir. Lo primero, fue una obra de Teatro que rompí porque me daba vergüenza que alguien la leyera. Después, empezó la moda de los culebrones, aquellos larguísimos como “Los Ricos También Lloran”. Mi abuela me despertaba para verlo con ella, muchos más vinieron después. Aquellas historias repletas de drama, a mí, me hacían gracia. Veía tan ensimismada a mi abuela que, muy jovencita, empecé a escribir guiones para hacer una telenovela; quería que mi abuela estuviera orgullosa de mí. Y ni os imagináis las aventuras que tenía escribiendo, como me daba vergüenza que lo descubrieran, escribía folio a folio, lo imprimía y después destruía el archivo.  Entonces era muy pardilla, (ahora…) todo para que nadie descubriera mi secreto. Treinta años después, entiendo que mi inseguridad, unido a los problemas que tenía en el colegio con los demás niños y, más adelante, con compañeros ya más mayorcitos, hicieron centrarme, plenamente, en el mundo de la escritura, como válvula de escape. Así que, escribí, no uno, si no, tres guiones para telenovela. Uno de ellos, recuerdo, que tenía más de 500 páginas ¡eso es incontinencia verbal! Al menos, ese es el nombre con el que me define una buena amiga. Los envié a Radio Televisión Española, sin decir nada a nadie. ¿Qué pasó? Ni idea… a mí nadie me contestó… deben estar perdidos por algún rincón o fueron a la basura, directamente.

 

Aquellos primeros reveses, que me llevé cuando empecé a escribir, eran como si me dieran un guantazo con toda la mano abierta. He recibido muchos, a lo largo de mi intento por publicar. Por eso os comentaba que, las cosas llegan cuando uno está preparado para recibirlas y es capaz de, con los pies en la tierra, luchar por ello, a pesar de todo, sin desfallecer. ¡Estoy convencida! Con el paso del tiempo, he ido aprendiendo a aceptar la respuesta: “NO”. Sin negar, que aún da cierta rabia, cierto pellizco, pero… ahora no me afecta tanto. Podría empapelar mi habitación con todas las cartas de negativa que me han dado las editoriales, cada vez que envié un manuscrito. Ahora, aprecio más cada comentario que hacéis sobre mis escritos. Tengo una ilusión enorme por cada cosa que escribo, aprendo a saborearla y, también, me provoca ciertos nervios cada vez que os lo presento. Me siento responsable y ésto era lo que soñaba, poder compartir con la gente, mis historias, sin importarme el número de personas. Lo verdaderamente emocionante, es poder compartirlo. Que alguien pueda sentir lo mismo que yo, emocionarse, reírse, hasta incluso, sentir que lo que he escrito, no vale nada; pero eso era lo que soñaba, comunicar, trasmitir historias. Me gustaría, claro que sí, publicar en una editorial que tuviera mucha tirada y pudiera llegar a mucha gente pero, he aprendido que los sueños se pueden hacer realidad si amas lo que haces, si eres constante pero, sobre todo, si lo haces y sientes con el alma.

 

Por eso, para mí, tiene sentido este diario porque, cada día que dejo escrito lo que hago, significa un día más luchando por un sueño, y sé, que algun@s de quienes me seguís, tenéis el mismo sueño que yo. Por eso, no os rindáis, y pensar… Cada “NO” de una editorial, es un papel para empapelar tu propia historia como escritora.

Ánimo, si yo puedo, ¡tú también!

 

Y ahora, a salir a toda prisa que, como siempre… me enrollo y llego justa a trabajar. Menos mal que tengo unas compañeras que valen su peso en oro… bueno… no literalmente ¿eh?

Un abrazo virtual de los grandes.

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