FALLAS 2ª PARTE (EMOCIONES/CRÍTICA)

Vaya por delante, que no soy muy feliz con la fiesta de las fallas, pero si dejo a un lado mi malestar por ciertas cosas, debo confesar que hay algo con lo que no puedo más que seguir emocionándome.

Muchas veces me han dicho que no entienden las mascletás, que no entienden como podemos emocionarnos con tanto ruido, humo y olor. Es complicado explicar con palabras la emoción que se desata en una plaza donde hay miles de personas, de diferentes lugares, colores y condiciones, miles de personas pendientes de compartir durante cinco o seis minutos una mascletá.

¿Qué lo hace tan maravillosamente especial?

 

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Puedo hablar por mí, cuando comienza sabes que va a ser intenso explosiones, luces blancas y humo, pero siempre logra sorprenderte, el ruido de la pólvora es especial, música diferente que logra captar tus sentidos, ese intenso ruido va subiendo en intensidad, el suelo comienza a temblar y, sientes que desde los pies hasta los pelos de tu cabeza, todo tiembla de igual modo. El humo empieza a tomar la plaza, el olor a pólvora (es cierto no es muy sano) llena todos los rincones del lugar y alrededores, por lo tanto el aroma que respiras es la pólvora, olor que quizá porque lo llevamos en los genes, nos regala un aroma único yemocionante. Es entonces cuando el terremoto que es la parte final de la mascletá terrestre comienza, cuando crees que no puedes soportar más la fuerza de las explosiones y luces, es ese momento en el que toda la gente comienza a gritar de júbilo a aplaudir, porque tus emociones van como ese terremoto en aumento, la piel se eriza y los ojos se te llenan de lágrimas (no por el humo) sino por la emoción. Y después está el fuego aéreo, ese que pone punto final y que te lleva hasta el éxtasis final. Y entonces llega la atronadora ovación. Y te vas a tu casa pensando… ¡qué maravilla! ¡Ha sido única!
En esa plaza… en seis minutos, la emoción es el sentimiento que inunda cada centímetro de ella.
Y sé que es difícil de entender, lo he explicado muchas veces y aunque haya gente que siga sin entenderlo, una mascletá para mí es un momento inolvidablemente maravilloso.

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Otra de las cosas que me gustan de esta fiesta, es la música, que durante, prácticamente, todo el día las bandas de música van acompañando y animado los diferentes actos de las fallas. Casi siempre, van haciendo sonar partituras de nuestra música tradicional, además, admito que es una de las cosas que provocan que mis ojos se llenen de lágrimas. Más si cabe, al sonido de “la dolçaina i el tabalet” instrumentos autoctonos de mi ciudad.

 

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Y como no, está la Ofrenda a la Virgen de los Desamparados, que es algo especial, muy especial. Un acto que es complicado de describir con palabras, debes vivirlo para poder entender que es una de las emociones más desbordantes que puedes vivir. No hace falta ser creyente, ni practicante, tan solo tienes que ir con tu corazón cargado de amor, y del resto, se encarga la mezcla de sensaciones que hay cuando pasas por esa enorme Virgen repleta de flores. Cada flor se deposita con los sentimientos de quien la ha llevado, de las gracias o ruegos, pero por mucho que quiera describir, nunca lograré transmitir la esencia de esa ofrenda por delante de la Geperudeta.

 

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Puede que todo esto tenga también que ver con los recuerdos, ya que, las fiestas de las fallas llevan mucho de nostalgia al recordar otros momentos que has pasado en tu vida, otros momentos de felicidad compartiendo estas emociones.

Como ya dije antes, no soy muy feliz durante las fiestas y la explicación viene ahora en:

EL OTRO LADO DE LAS FALLAS.

 

Todos los años me pasa lo mismo, trato de salir lo imprescindible a la calle para no encontrarme con esos kamikazes que llevan petardos “no pequeños”, ¿eh? De los que hacen un estruendo que te tiembla la casa. Y es que, tal y como ha evolucionado la sociedad hacia la mala educación, en general, en concreto las fallas, también, han evolucionado de igual modo. Voy a tratar de decirlo con ironía, que creo que me saldrá menos visceral.

Empiezo con ese lado sucio, ya… ya sé que en todas las fiestas grandes de todas las ciudades del mundo mundial sucede, pero es que he tenido que quitarme las lentillas y bajar a la calle con las gafas, ¿por qué? Muy sencillo… entre, con perdón, escupitajos, meados humanos, petardos que no sabes si han explotado o los puede explotar el perro si los pisa, “la pasionaria” esa que ahora ha aparecido (es cierto que no hay pinos por donde paseo, pero….), restos de cacas de perros que no quitan sus dueños, de cacas de “no perros”, sí… sí, os aseguro que las hay, bebidas tiradas por el suelo que si lo pisas vas todo el rato haciendo… croing, croing, croing… , eso dispara mis nervios. Como veréis, para que, ni el perro, ni yo pisemos algo que no debemos, entre todas estas cosas, claro, mis ojos van a mil por hora al segundo y las lentillas casi se me cayeron el primer día.

Después, están los “aspirantes a pirotécnicos”, pasados de bebida, que echan un petardo y no saben a donde lo han echado. Tanto es así, que, ayer, caída ya la noche y cuando me estaba quedando adormilada… después de estar toda la tarde escuchando petarditos sin parar, llegó un momento de calma que me llevó a un sueño relajado… Entonces, un descerebrado, porque no se puede llamar de otra manera, no sé le ocurrió nada mejor que echar un petardo en el callejón a donde va a dar uno de mis balcones. Para los que no han escuchado el sonido de un masclet, es como si dejaran caer una bomba. Resuena muy fuerte, pues en una calle estrecha… ¡imaginad! Fue tal el susto, tras retumbar toda la casa, que me senté en el sofá al grito de: ¡Terremoto! ¡En Albacete! ¡En Murcia! ¡Otra vez… un terremoto! Con los ojos abiertos como platos y el miedo metido en el cuerpo. Pero no, ¡qué va!

Lo que más odio de las fallas, es la “mala educación” para soltarte esa frase típica, cuando te echan un petardo encima, y te quejas ¡Si no te gusta, te largas de Valencia. Estamos en fallas! O ¡Te jodes… son fallas! Ambas, me las han dicho después de recriminar primero, que me echaran un petardo al lado del perro, como una gracia. La otra, porque le recriminé a uno de los “aspirantes pirotécnicos”, por echarle un petardo a una señora mayor. O como cuando vas caminando y, como me ha pasado, algún gracioso ha tirado desde la ventana un petardo a la calle. Es la degeneración que tenemos en la sociedad y que, si les das el poder de, ser pirotécnicos sin carné, te la pueden liar parda.

Después, están las carpas y las fiestecitas hasta las tantas de la mañana con la música a todo volumen. ¡Ah! ¿Qué eres de los que tienen que madrugar e ir a trabajar? Ya sabes… aplícate la frase de arriba. ¡Pero, vamos a ver! ¿Eso qué tiene de extraordinario? Todos los fines de semana, en cualquier discoteca, puedes disfrutarlo, ¿eso es arte? ¿Eso tiene algo que ver con las fallas? Yo creo que no, este libertinaje de la fiesta es el que me cabrea y me pone de mal humor.

 

 

Y dejo para lo último, pero no por ello menos importante, que haya un colectivo que esté tratando de igualar sus derechos, como es el colectivo homosexual, que se les esté tratando de dar una educación de respeto hacia los demás, a los niños, para que, después, pase la banda de música cantando al ritmo de: “maricón el que no bote”, ¡y digo yo…! ¿Por qué no se canta “heterosexual el que no bote”…? ¡Es cierto! Eso no tiene gracia, no es burla… propongo un grito para que todos nos respetemos, unos y otros, el grito sería ¡EXTRATERRESTRE EL QUE NO BOTE!

 

Pero, ¡ojo! Este, es mi pensamiento que, seguramente, no será compartido por mucha gente, y lo respeto. Pero, me gustaría que mis fiestas volvieran a ser esas fiestas de antes que eran más cívicas y se respetaba a los demás. Ahora, se instaura la “Ciudad Sin Ley”, en fallas, el todo vale, el ir por la calle como si fueras por la jungla… En fin, el voy a hacer lo que me de la gana porque nadie me va a decir nada, y si me lo dice, les vuelvo a remitir a la frase de arriba. ¡Zasca!

 

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