EPÍLOGO A VUELTAS CON LA VIDA.

A vueltas con la vida está publicada tal y como la escribí en su momento. No la había vuelto a leer desde que la escribí y al leerlo nuevamente, pensé en cambiar algunas cosas que no me terminaban de gustar, pero me di cuenta que entonces cambiaría lo que la hace tan intensa, las emociones vividas. Creo que era imprescindible dejarla tal y como la escribí en el momento en que lo viví. Ahora estoy segura que la escribiría de otra manera una vez pasado el tiempo y viéndolo desde la distancia.

Quienes me habéis dado vuestra opinión en vivo o en el blog habéis resaltado la dureza y, si os soy sincera, hasta yo misma releyéndola he tenido que aceptar que aquella vivencia fue angustiosamente terrible. Pero como casi todo en la vida… todo pasa, dentro de las pocas posibilidades que en un principio había, salí casi vencedora pero lo importante muy recuperada.

Después de la operación sufrí algún episodio más, nunca tan fuerte como los que viví en “las madres de todas las crisis”, pero sí es cierto que pasado un tiempo tuve un problema con los cristalitos del oído, aquello me provocaba mareos en la cama al moverme. Rápidamente tuve que acudir al Dr. Barona para que viera cual era el problema que se solucionó sin mayor transcendencia. Pero debo admitir que cada vez que tengo un vértigo o con este problema de los cristalinos, mi corazón sufre un ataque de palpitaciones que menos mal que está fuerte para soportarlas, estoy convencida que es una mezcla de miedo por volver a pasar todo esto y lo que conlleva el mismo vértigo. Con el paso del tiempo tuve que pasar mis revisiones anuales y cada año me hacían la mítica prueba de “Maniobra de Barany”. Daba un buen resultado y eso me tranquilizaba. El último año que fui, me hicieron una prueba nueva con unas gafas más modernas de las que usé al principio y unas lucecitas de colores que debía seguir en la pared. También lo superé. Y a los cinco años una nueva crisis me hizo volver al Serc y a hacerme una nueva POSTUROGRAFIA, no dio un resultado excelente pero sí aceptable.

¿Qué me ha enseñado esta experiencia? Quiero pensar que soy capaz de disfrutar todo lo que puedo del día a día, volver a leer antes de dormir, pasear con la tranquilidad de que todo cuanto me rodea va a quedarse en su sitio, pasear por la playa sabiendo que soy capaz de contar las olas sin caer al suelo o, simplemente, poder pasear con mi gente cogida del brazo sin miedo a arrastrarlos conmigo a tierra. Todo esto que es tan sencillo y cotidiano es lo que he aprendido a disfrutar. También vivir al día y cuando los problemas o los cabreos llegan en ese día a día, unido a las quejas del trabajo, el tráfico etc… me obligo a pensar que soy afortunada porque puedo ser independiente. Me obligo a recordar esta vivencia para no caer en las quejas ante “las injusticias” de la vida, si algo me enseñó el señor Meniere, es que la vida es maravillosa y hay que vivirla y disfrutarla segundo a segundo. Y darnos cuenta que somos afortunados de poder tener a nuestra alrededor una familia que nos quiere y nos ayuda en los momentos malos, porque son ésos los verdaderamente importantes.

Y si os acordáis, al principio de esta historia os conté una anécdota que me había pasado al llevar el libro a una agencia literaria, os dije que al final habría otra. Cuando estuve recuperada y pude sentarme frente al ordenador, escribí de un tirón la historia, me apetecía regalársela a quienes tanto habían hecho por mí en modo de agradecimiento. En una de las visitas de rutina que tuve que hacer en los años siguientes, el doctor Barona me pidió permiso porque él iba a escribir un libro sobre el vértigo de Meniere y quería poner alguna de mis vivencias en él. Por supuesto, le dije que sí. Además, en otra ocasión me pidió que hablara con una señora que estaba como había estado yo con “las crisis madres” y le dijera cómo había salido mi operación y qué calidad de vida tenía. No me hizo falta que me dijeran de quien se trataba, podía decirse que me reconocí en ella a pesar de la diferencia de edad. Cuando me senté a su lado no sabía muy bien que decirle, la mujer lloraba porque no veía salida al final del túnel. Eso me dio una idea, le pregunté: “¿usted quiere volver a vivir? ¿Quiere volver salir a pasear, a ver el sol, a jugar con sus nietos? Pues opérese porque le devolverán la vida, no será fácil pero valdrá la pena”. No sé si me hizo caso pero es lo que diría a cualquiera que hoy me preguntara.

Espero de todo corazón que esta historia sirva no solo a quienes sufren esta enfermedad, si no, a todo aquel que tiene un problema en la vida… ¡la vida hay que vivirla día a día, pensando que hay que luchar, y tratar de no dejarse vencer por muy duro que sea nuestro problema!

Que tu grito interior sea:

 

                                                       ¡CARPE DIEM!

 

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Gracias por vuestro inmenso apoyo.

2 comentarios en «EPÍLOGO A VUELTAS CON LA VIDA.»

  1. He leído tu escrito a las 6,30 de la mañana y me ha iluminado el día. Gracias Luz, la mayoría de las veces perdemos el norte y no nos damos cuenta de la importancia de lo que tenemos: la vida. CARPE DIEM!! Un beso
    Angela

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  2. Hola Luz, que bonito relato. Es un canto a la ilusión de vivir, a la ilusión de disfrutar el día a día, de momento a momento. Los que hemos pasado momentos duros, que tu conoces, leer artículos como el tuyo nos ayuda a superar tristezas y nuestros lloros se convierten en sonrisa, nuestro pesimismo en ilusión y eso hace que cada mañana tengamos fuerza para afrontar, no el día, si no la vida. Gracias Luz.

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