ENHORABUENA, MADRE

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Hemos tardado diecisiete años, pero todo llega.

Hace diecisiete años alguien nos puso frente a una puerta y nos dio un empujón dándonos de bruces con lo que llamamos “el mundo del cáncer”. Tú que sabes mejor que nadie el poder de mi imaginación, no te sorprenderás si te digo que en aquel momento llegó a mi mente un tipo tenebroso con un bastón negro, no sé por qué pero así me imaginé al hijo de puta del cáncer. Sé que no te gusta que diga palabras malsonantes pero fue lo que en ese momento pensé, ¡no desaparecerá de la faz de la tierra!

Cáncer de mama nos dijeron.

Y nuestras vidas dieron un giro brutal, hemos hecho un camino largo donde algunas de las personas que lloraron aquel día que nos lo dijiste, otras que te apoyaron se quedaron atrás, hoy estoy segura que desde la otra vida lo han celebrado con nosotros.

Aprendimos a vivir de otra manera, sobre todo tú. No es fácil enfrentarse al día a día en el hospital por esa razón creamos un ritual para afrontar las horas y horas que pasamos en aquella sala donde no habías suficientes sillas para sentarnos, y donde volvía a imaginar a aquel tipo tenebroso paseando entre nosotros frotándose las manos ante su logro, ante su victoria sobre las personas. Menos mal que hay buen personal sanitario dispuesto a combatirlo. Ese ritual consistía en tratar de mirar sin ver, observar sin sentir, alejarnos de nuestro entorno. Durante todo este camino hemos visto gente de todo tipo, de todo color, condición, edad, jóvenes y mayores, mujeres y hombres. Aprendimos a entender cada gesto, cada mirada, cada sonrisa o cada lágrima. Ese era otro mundo que nada tiene que ver con el que viven los demás. Desde aquel día nos convertimos mi hermano y yo en secretarios médicos, había que tener anotada cada visita, mamografía, analítica, visita oncología, visita cirujano, radioterapia… era un sin fin de visitas que por tu rechazo a la quimioterapia se convirtieron más asiduas de lo habitual, al mes, a los dos meses, a los tres, así fuimos ganando la batalla hasta llegar hace cuatro años a la visita espaciada de cada dos, y por fin hoy hemos logrado este maravilloso papel donde pone ALTA.

Has vivido cada día luchando contra todos los dolores que te dejó, pero sin querer recordar tan solo teniendo presente lo que había, hemos intentado combatir el miedo con la risa, la incertidumbre con esperanza. Hemos tenido ataques de ansiedad, ataques de llanto, ataques de risa. Visitas programadas, alguna urgencia en la que has perdido los nervios y nosotros la calma. Has sido para nosotros un ejemplo no solo por tu valentía a la hora de luchar, si no, por ser apoyo para cada persona que después de que lo pasaras tú llegaba a su vida “el cáncer”, siempre has tenido palabras de ánimo, de fuerza, obviando todo lo malo que has pasado, tratando de hacerle entender que habrán momentos duros pero con fuerza y ánimo siempre se llevan mejor. Y siempre acabas diciendo con energía ese ¡mírame a mí, aquí estoy!

Has pasado miedo, claro que sí, ¡cuántas veces nos hemos mirado aterradas mientras observaban en silencio una mamografía! En aquella mirada nos transmitíamos un ¿qué verá? Tratando de adelantarnos al diagnóstico que la médica nos diera por cada gesto suyo, por cada elevación de una ceja o fruncimiento de frente. Eso es el miedo en estado puro.

Hoy tras diecisiete años de esa lucha por sobrevivir hemos vivido el subidón y el bajón, hemos roto a llorar en un abrazo largo ¡el abrazo más largo que nos hemos dado en toda nuestra vida! Porque allí en ese pasillo extenso, estrecho y repleto de gente, las emociones se viven a flor piel, allí no hay medias tintas es el todo o la nada. Nos conocemos todas y cada una de las reacciones, cuando ves a alguien sonreír sonríes tú, cuando ves a alguien llorar sientes un poco de su dolor en tu propia piel. Y después están las lágrimas de alegría ¡esas son las mejores! Y nosotras que somos muy dadas al drama nos hemos puesto a llorar a moco tendido de felicidad, tanto que hemos hecho llorar hasta la pobre señora que venía con nosotras en el ascensor dándote la enhorabuena por ese alta que voy a enmarcar.

Si algo tiene esta maldita enfermedad es que no puedes expresar con palabras lo que sientes, al menos yo no sé, tanto para bien como para mal solo eres capaz de expresar emociones.

Así que desde esta emoción que aún siento:

¡Enhorabuena, madre! Te lo mereces.

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