EL PEQUEÑO GRAN HÉROE

Sabéis que aquí en mi rincón trato de reflejar con palabras hechos que me sacuden el alma, sentimientos, historias emotivas. La de ayer fue una de esas en las que ves que el final va a ser trágico. Sin embargo, nuestro pequeño perro se convirtió en un gran héroe improvisado que cambió el final de la historia tantas veces escrita.

Íbamos en nuestro paseo habitual, anoche más temprano de lo que tenemos por costumbre. Nos detuvimos en un semáforo para atravesar una gran avenida, justo allí está uno de los jardines más concurridos de la ciudad. Como todas las noches, nuestro perro y yo paseamos deprisa porque aunque es pequeño tiene una energía envidiable. Además, estoy convencida de que él se cree mucho más grande de lo que es. Estábamos parados en el semáforo esperando para cruzar la avenida cuando junto a nosotros se detuvo una pareja con un perro Labrador tan precioso como enorme. Como siempre el nuestro comenzó a ladrarle el otro lo miraba con algo de compasión, “pobrecito este renacuajo quien se cree que es”, debía pensar. Los amos y yo nos miramos sonriendo. Una vez tuvimos paso cruzamos la avenida, ellos hacia la derecha nosotros recto para seguir nuestro camino cuando de repente vimos venir a dos perros uno grande y otra una preciosa galga blanca, corriendo como locos con el miedo reflejado en su mirada, iban despavoridos hacia la carretera. Por intuición, el chico se puso como pudo frente al perro más grande y pudo detenerlo, pero no pudimos hacer lo mismo con la galga que volvió sobre sus pasos. Por más que la llamamos, que tratamos de cogerla no pudimos, no sé si os podéis imaginar la angustia del momento. Los coches comenzaron a ponerse en marcha, los que venían lo hacían a una velocidad considerable, la gente trataba de parar a la galga pero cuanto más tratábamos de detenerla ella más se asustaba. Iba y venía a la carrera descontrolada, hasta que en una de esas carreras cogió velocidad y se dirigía hacia la carretera donde pasaban los coches. De repente, mi perro un Yorkshire se puso de pie sobre sus patas traseras, comenzó a ladrar al mismo tiempo que movía las patas delanteras a modo de saludo, como le gusta hacer cuando ve a alguien conocido, la galga que venía a toda velocidad para cruzar la avenida, de repente, aminoró la marcha hasta que se detuvo delante de mi perro y pude alcanzarla del collar para retenerla. El suspiro que dimos todos los que nos encontrábamos allí fue considerable. Y allí estaba nuestro perro oliéndole el hocico mientras la galga se tranquilizaba.

Fueron minutos de tensión y alivio al poder coger a los dos perros cuya dueña había perdido de vista. Este es el instinto animal, supongo que nuestro pequeño pudo percatarse de lo que se avecinaba y allí estuvo él para llamar su atención y detenerla, convirtiéndose en un gran héroe admirado por cuantos había allí a nuestro alrededor.

A su manera imagino que la galga frotándole la nariz contra la nariz de mi pequeño debió darle las gracias por tranquilizarla.

Y lo escribo no solo porque me sienta orgullosa de él, que es verdad, ni porque lo quiera con locura, que también. Si no, porque hay que darse cuenta que los animales dependen de nosotros, hay algunas personas que dejan sueltos a los perros y se ponen a hacer otras cosas, después el camino que tienen si no son atropellados es alguna protectora. Por ese motivo es por el que escribo la historia, en Valencia no tenemos sitios suficientes para poder dejarlos solos en un recinto cerrado donde puedan disfrutar de libertad, además, del peligro que conlleva para ellos a veces también para los viandantes. Entre todos y por el bien de ellos deberíamos ser más responsables.

Anoche hubo un pequeño gran héroe que no saldrá en los periódicos, pero aquí esta la historia para quien quiera emocionarse.

¡Gracias Pin por ser tan grande!

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