EL GATO PEQUEÑÍN Y ASUSTADO.

El día 26 Julio, a las 13:30 de hace tres años, me encontraba terminando mi aseo para prepararme la merienda y salir corriendo hasta el autobús, para no llegar tarde al trabajo (como casi siempre), y estaba poniéndome las lentillas cuando oí un maullido “tan fuerte”, que pensé, al igual que mi pareja, que a alguno de nuestros dos gatos le había sucedido algo y salimos corriendo hasta el comedor. Pronto nos dimos cuenta que ese maullido venía de la calle. Al asomarme, vi un gatito blanco que salía de una de las puertas del garaje. Me quedé observándolo, mientras un coche pasaba a escasos milímetros de él. Ni que decir tiene que, si bien ese mes de Julio no era éste, aquel día rondábamos los 40º,

1°- ¿cómo se puede abandonar un animal? ¡No lo entiendo ni lo entenderé!,

2°- ¿cómo se puede abandonar un animal indefenso con esa temperatura? Debería estar castigado de alguna manera, no se puede tratar así a los animales.

La cuestión era que no queríamos asomarnos a la ventana, pero los maullidos de aquel pobre animalito blanco llegaban nítidamente a nuestra casa. Antes de irme a trabajar, quise acercarme para ver cómo se encontraba, pero no subirlo a casa, claro. Entonces, aquel pequeño gato blanco me miró… tenía unos ojos intensamente azules, me maulló y, lo que fue peor, me persiguió. Llamé a mi pareja por teléfono para contárselo y decirle que me pondría en contacto con la protectora para que se hicieran cargo de él. Pero, al mismo tiempo que daba esta explicación, era consciente de que cuando llegara por la noche, el precioso, intrépido y cantarín gato blanco con ojos intensamente azules, estaría en nuestra casa. Mi corazón latía apenado, me fui con una carga de conciencia importante y un dolor en el alma por haberlo dejado allí. Tenía una lucha interna “tan fuerte” que no podía, ni siquiera, centrarme en trabajar.

Pero aquel gatito blanco no cesó de maullar, era como si supiera que tenía que continuar, para llamar la atención de algún “alma cándida”. Huelga decir que, en aquel lugar, se juntaban varios chiquillos a los que les gustaba hacer las clásicas “gamberradas de niños”. Yo lo sabía, y lo primero que hice fue contactar con gente que pudiera darme una solución, antes de que los susodichos llegaran. Pero, por más que pregunté, nadie podía acoger a aquel gato maullador; todo estaba saturado. Las protectoras y las casas de acogida no daban abasto. Fue entonces cuando me sonó el móvil, me había llegado algo y fue ésto:

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Aquel gatito blanco estaba en nuestro despacho, acostadito en la silla, con dos amigas pulgas y un susto de muerte. Sus grandes orejas, sus ojos azules repletos de tristeza y su naricita rosa, bien coloreada, daban muestras del miedo que había pasado. Respiré aliviada y agradecida porque, el gran corazón gatuno de mi pareja, fuera lo suficientemente fuerte como para no hacerme caso y, sobre todo, teniendo en cuenta la enfermedad y proceso complicado, y delicado por el que estaba pasando, que bajase con un transportín y lo llevase a casa.

Ese día fue, para nosotras, una locura, un ajetreo, un no saber qué hacer. Ya no podíamos tener más… Sin embargo, aquel gatito blanco nos conquistó en seguida. Ya lo había hecho con su rescatadora a base de besos y colgarse de su cuello abrazado, entre maullidos finos y ronroneos fuertes. Cuando llegué yo, tres cuartos de lo mismo, lamidos, buscar mis brazos para acunarlo y ronroneos tan fuertes que asustaban. ¡Era feliz! Cuando salí de encontrarme con él la primera vez, porque estaba aislado y teníamos a los otros tres fuera para no tener problemas, nos miramos a los ojos y dijimos… ¡donde comen tres comen cuatro!

Y así fue, lleva tres maravillosos años a nuestro lado. Es el pequeño de dos gatos más y un perro, y a los tres los lleva por la calle de la amargura. Es tan juguetón, que no puede aburrirse, no sabe aburrirse. Más bien, zalamero hasta decir basta, cariñoso sin fin, hablador como pocos, fisgón en plan campeón, dueño de todos los rincones de la casa, en especial de la cama. Pero, lo más importante, es un gato “intensamente feliz”. Porque él es así, es intenso.

A esta historia le podemos poner el lado positivo… hay tantas negativas que ojalá sirva para que antes de abandonar a un animal piensen lo mucho que va a sufrir y las consecuencias horribles que va a tener.

Este es hoy aquel pequeñín asustadizo.

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Gracias, por hacernos tan felices.

DSCF8520Esto es un abrazo gatuno

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