EL FANTASMA DE LA MISERICORDIA

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lasprovincias.es

 

EL FANTASMA DE LA MISERICORDIA, ANTIGUAMENTE, CASA HOSPICIO DE POBRES DE NUESTRA SEÑORA DE LA MISERICORDIA.

La soledad se cierne sobre sus pasillos. Es de madrugada y el eco del silencio retumba por las paredes como si la nada se hubiera adueñado. Tan solo unas cuantas personas están, a esas horas del día, trabajando en el interior del complejo para la puesta a punto diaria antes de la entrada de miles de personas que pasan allí largas horas diarias lectivas. Como si de una película de terror se tratase, de repente, se oyen ruidos extraños e incomprensibles para los trabajadores del lugar. El miedo inunda sus cuerpos y, presos del pánico, a alguno de ellos les cuesta seguir trabajando. Hay quien reniega trabajar en estancias o pasillos, quedando pues esa zona por vigilar o limpiar.

El actual complejo de la Misericordia fue la antigua Casa Hospicio de Pobres de Nuestra Señora de la Misericordia. Hoy día, el antiguo complejo alberga la sede en Valencia de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), un instituto de Enseñanza Secundaria, otro de Formación Profesional y otros tres centros más. Cerca de 4.000 estudiantes y 200 profesores comparten estas instalaciones situadas entre el Hospital General de Valencia y el centro comercial Gran Túria.

Los testigos son claros y directos, a pesar de saber la repercusión que tienen sus testimonios y de lo que puede acarrear decir que han presenciado fenómenos paranormales, desafiando la lógica y el sentido común. Adueñados de la histeria colectiva, alguno de ellos no han presenciado los fenómenos pero reniegan pisar esas estancias. Luces que se encienden y apagan, cuadros que caen al suelo sin motivo aparente, ruidos extraños de madrugada, crujidos de puertas, golpes en las paredes y lo más terrorífico… el llanto de un niño que una mujer asegura que oyó y vio su silueta ensombrecida en una ventana.

La primera de las apariciones tuvo lugar en el año 2009, donde según relata Nicolás, vigilante entonces del complejo educativo (según fuentes consultadas), su mujer fue una de las primeras personas que vio el supuesto espectro del muchacho, dando lugar al comienzo de la leyenda.

La esposa se acercó para darle unas llaves a su marido, ya que este las perdió, cuando de repente vio la imagen de un niño que le saludaba desde la ventana del tercer piso de un edificio del complejo. Dadas las horas que eran (madrugada) y la imposibilidad según el marido, el vigilante, de que hubiera alguien a esas horas por allí, la histeria dio comienzo a la leyenda más reciente en nuestra ciudad.

La historia corrió de boca en boca como la pólvora, entre alumnos, profesores y hasta la prensa, para llegar finalmente hasta un grupo de parapsicólogos. Así pues, un equipo de especialistas se desplazó al barrio de la Fuensanta para hablar con algunas de las personas que vivieron de primera mano el extraño suceso para iniciar investigaciones y tomar lecturas in situ de los posibles fenómenos. Los especialistas descubrieron que el vigilante era aficionado a la parapsicología y el escepticismo se adueñó perdiendo credibilidad para los investigadores.

Las lecturas y cámaras instaladas, dieron resultados negativos, y se dejó de investigar el caso, a pesar de que hubo más testigos de trabajadores que aseguraban haber visto, oído o sentido algo fuera de lo normal.

Pero además de esta historia contaban otras.

Aquel niño en la ventana no fue el único fenómeno excepcional ocurrido en los últimos tres años en los pasillos y aulas de la antigua Casa Hospicio de Pobres de Nuestra Señora de la Misericordia. Hace tres meses, un cuadro cayó al suelo en un pasillo donde no había corrientes de aire al estar todas las ventanas cerradas. Un vigilante, que fue testigo del insólito hecho, se acercó para comprobar el motivo y vio que la alcayata estaba en su sitio.

Dos empleadas de la limpieza también aseguran haber oído el llanto de un niño cuando trabajaban en horario nocturno. Las mujeres se asustaron y llamaron al vigilante. «Algunas veces las luces se apagaban y luego se encendían poco después, pero yo creo que esto se debía a un fallo eléctrico», afirma Andrés V., otro vigilante que trabajó hace tiempo en el complejo educativo.
«La única vez que me asusté un poco fue una noche que escuché un tremendo ruido como si hubiese caído un armario o algo metálico. Entré con mi linterna pero no vi nada raro», recuerda el guardia de seguridad.

Hace unos días me escribió (www.labitacoradelmiedo.com) un antiguo alumno del colegio “La Misericordia”, Ismael Sánchez, diciéndome cual era la verdadera historia de la muerte de algunos amigos suyos en el colegio bien distinta a la contada en el periódico “Las Provincias”. Esta es su historia:

“Era una noche de Otoño, aún no habían apagado las luces, aunque faltaba poco para las 9; hora en la que debíamos estar durmiendo.

Aragonés, Ramírez y yo estábamos en los lavabos, lavándonos los pies con estropajo y jabón de escamas; había que hacerlo todas las noches, antes de dormir.

Antes de irme a la sección, si no recuerdo mal era la séptima, me asomé al balcón. Arriba estaba José Miguel Rincón Campos con un bote de Cola-cao.

Como en la fotografía se puede apreciar, los balcones tenían un adorno de forma triangular; desde las ventanas del segundo piso se podía salir y sentarse o ponerse de pie, o hacer el tonto.

Campos decidió, que era un buen sitio para sentarse y comerse el bote de Cola-Cao.

-Bájate de ahí, no seas faba, te vas a caer y te vas a romper la cabeza- le dije.

-Yo no me caigo nunca, además tomo Cola-Cao- me contestó como si eso le convirtiera en Superman.

Me di la vuelta para entrar; pero; no había dado dos pasos cuando de refilón, lo vi caer, pegando de cabeza en la barandilla de hierro; en el lugar que debería haber habido una bola de bronce, ahora había un espárrago de rosca de diez centímetros que le destrozó el cerebro instantáneamente, mientras rebotaba me giré e intente cogerle, pero solo alcancé a rozarle el brazo, antes de que se estrellara contra el cemento del suelo, frente al campo de fútbol, como una marioneta desmadejada.

Al momento se llenó la noche de gritos y de ladridos; los perros del tío Paco Lozal que estaban sueltos y entrenados para eso, empezaron a morder a Campos que ya no se movía, me deslicé lleno de rabia y gritando por la fachada hasta el suelo y me lié a patadas y a puñetazos con los perros hasta que éstos acobardados se retiraron un poco, Aragonés me gritó algo, no sé qué fue, pero de golpe yo estaba en el suelo del tortazo que me dio el padre Roig, me dejó sordo dos días; acababan de llegar los curas en tropel, pero ya era tarde. Campos se había ido. Esa noche la pasé en el pasillo de rodillas y con los brazos en cruz, y cada cura que pasaba, me soltaba un capón, una colleja o una torta, también patadas. Según decían era por mi bien, por ser tan inconsciente.

La mujer del guardia de seguridad dice que vio al fantasma en el tercer piso de la fachada; las habitaciones de la fachada del tercer piso nunca fueron usadas por los niños, cuando yo entré en el colegio, se usaban para que durmieran, lo que se llamaron trabajadores, y transeúntes. Era gente que solo venía a dormir, pero eso duró poco. La décima quedó vacía, la onceava fue un almacén de colchones y somieres y trastos, y la que sería la doceava que estaba encima de donde cayó Campos, se convirtió en el Paraíso; que era el dormitorio adonde iban a parar los que tenían incontinencia urinaria.

Uno de los niños del Paraíso, no recuerdo su nombre, solo recuerdo que era de Algemesí, se escapaba, una noche sí y otra también hasta que una noche se ahogó en la piscina.

Otro niño de apellido Konopazky cayó desde la quinta (tercer piso; ala derecha) hasta el sótano; mientras hacía el pino en la barandilla de la escalera.
Uno de los aspirantes a cura que hacían vida aparte, amaneció un día ahogado en la piscina.

A comienzos de los 60 hubo una gripe terrible que se llevó a alguno de los nuestros, también se fue el padre Martín Millet que era el padre superior (cantamos en su funeral el Oficio de Tinieblas número 5). El padre Fernando fue superior del colegio desde el año 1964 hasta el año 1969.

Hubieron muchos más muertos en los años que estuvimos, (entre todos mis hermanos y yo abarcamos 15 años en el internado) si realmente hubieran fantasmas en la Misericordia estaría el colegio lleno y no se podría ni andar. Detrás de la tapia pasaba el tren, y detrás de la piscina en aquellos años recuerdo un par de accidentes mortales, uno de ellos decapitado por el Talgo. Así que si algún lugar es susceptible de actividad fantasmagórica, ese sería la piscina.”

 

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valenciaculture.com

Fuentes de la noticia:

www.valenciaculture.com

www.labitacoradelmiedo.wordpress.com

www.lasprovincias.com

 

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