DIAGNÓSTICO FINAL

Hace un mes que no he escrito nada. Porque no había nada que decir. Lo único, si cabe, es que he ido sumando lecturas ante mi dura rutina. No sé donde voy a meter tanto libro que me ha acompañado en esas horas interminables de la noche.

Hoy me paso para como bien dice el título poner el diagnóstico final tras año y medio de tratamiento. No voy a repetir lo duro que ha sido el camino. Tan solo decir que al final nada de lo que he hecho ha servido, quizá sea lo más frustrante.

Esta semana pasada fue una semana crucial para mí. Tenía las tres visitas médicas de las cuales tan solo me importaba la que me ha demostrado tener interés por ayudarme. La unidad del sueño. Aunque sin esperarlo, al final las tres partes me han dado el mismo resultado.

La primera visita fue la del psicólogo. A quien llevé mi resultado de la prueba del sueño. Más que un psicólogo es una persona cercana que ha tratado de darme algunos consejos para mi trabajo que desgraciadamente son imposibles de llevar a cabo. Sin embargo, creo que se ha tomado cierto interés al menos en escucharme. Poco o nada me afectó la visita.

La segunda y más importante, la doctora de la unidad del sueño. A la que le doy las gracias por no dejarme abandonada, que es la sensación que he tenido durante todo el proceso hasta llegar a ella.

Y con ella me voy a detener más. Sabéis que me puso una rutina durísima. Que hemos estado llevando un diario del sueño, que me hizo la prueba y me dijo que valorara la posibilidad de que quizá, no había solución. Es cierto que esa prueba abrió otro posible diagnóstico como puede ser la fibromialgia o fatiga crónica, de ahí que me remitieron al reumatólogo que ha declinado visitarme. Ese es otro tema. Mi médica ha tenido que volver a insistir ante la gravedad de mi caso. Dicho todo esto, os podéis imaginar que llegué con la esperanza velada, pero al fin y al cabo, dicen que es lo último que se pierde. Sin embargo, como bien decía mi abuela “el enfermo es quien mejor sabe cómo se encuentra”, y en mi caso ya veía que no había ninguna mejoría a pesar de acostarme en esa franja horaria que me dijo de tres a cuatro de la mañana. Aún así, entré en la consulta con una sonrisa deseando que yo estuviera equivocada. Después de explicarle cómo había ido el mes, la mujer me miró y me dijo algo muy simple:

—Lo siento, yo no puedo hacer nada más por ti. Tienes que acostumbrarte a vivir así.

Lo que vino después en la consulta no lo recuerdo porque fue como si me pegaran un puñetazo en el estómago me quedara sin aire y la ausencia del oxígeno me hubiera afectado el cerebro. No reaccioné, tanto fue así, que me tuvo que decir dos veces si me encontraba bien. ¿Bien? Bueno… no sé como se puede estar bien cuando tu vida es una mierda y te dicen que va a seguir siéndolo. Pero haciendo de tripas corazón, recogí mi cuerpo y mi alma para irme no sabía ni dónde. Me dijo que sabía que mi estado, según sus palabras textuales fueron “es muy jodido pero no podía hacer más”. Ella me aconsejó seguir con la rutina de acostarme tarde y no más de cinco horas en la cama. Que siguiera tratando de hacer ejercicio y llevar una vida… ¿cómo? Pues me dijo que no le diera poder al insomnio… ¿alguien puede decirme como se hace eso cuando no dormir me deja sin fuerzas?

Creo que aún no me he recuperado de la visita. Y eso que he tratado de tomarlo con la mayor calma posible. Sé que tiene razón, yo no puedo obligar ni a mi cuerpo ni a mi mente a dormir. Tan solo soy capaz de seguir luchando cada día para que al menos no me amargue la vida más de lo justamente necesario.

La tercera visita fue a mi psiquiatra, la mejor noticia que me dio tras dos bostezos fue que se iba a jubilar.

Lo peor de todo es que los tres me dijeron lo mismo. ¡Y mira que es difícil que tres médicos coincidan en un pleno de tres de tres!

—No puedes trabajar.

Unido a una coletilla que ya ni me asombra.

—Aunque te van a dar el alta porque el insomnio no está catalogado como enfermedad.

¿Qué puedo decir ante esto? Ni siquiera me preocupa volver a trabajar, es lo de menos. Supongo que todos habéis pasado una mala noche, alguna noche sin dormir, y no hace falta que os explique más. Imaginaros así durante dos años, agudizado todo en el último año y medio. Hasta el punto de dormir tan solo dos horas (la noche que duermo) y sin parar de despertarme. Ya no digo trabajar, pregunto… ¿se puede llevar una vida así?

Me he planteado tantas cosas durante este último tiempo, desde borrarme del mapa, borrar mis blogs, dejar a un lado escribir, irme a vivir a una montaña con mi gato y mi insomnio. Se me han pasado tantas cosas por la cabeza, pero siempre me decia calma, calma seguro que hay solución. Ahora ya tengo claro que no, además por si me faltaba poco que me tengan que descartar dos posibles problemas reumatológicos. Ante este panorama voy a tomarme unos días para meditar qué voy a hacer. Para tratar de tranquilizarme y ver de qué modo me enfrento a esto. Porque estos últimos meses han sido durísimos y no quiero que el pesimismo gane la batalla. Quiero buscar ese rincón que debe haber en mi nueva vida donde haya luz y se aleje la oscuridad en la que estoy viviendo.

Pero quería pasarme por aquí para daros las gracias por apoyarme durante todo este tiempo de subidas y bajadas. Gracias por darme aliento. Soy terriblemente afortunada por teneros, lo sé. Y por eso estoy hoy aquí para agradecer de todo corazón.

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