CUENTO NAVIDAD 2015

Al igual que el año pasado, voy a dejaros un cuento de Navidad, pero más que un cuento es ese deseo que me gustaría se cumpliera.

Lo he dividido en tres capítulos, este cuento ha sido creado en los trayectos de autobús que hago diariamente, no quería dejar pasar la oportunidad de felicitaros la Navidad de una manera especial.

Dicen que la Navidad es mágica y que puedes pedir un deseo que te será concedido. Ojalá así sea.

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FELIZ NAVIDAD

CAP. 1

En la ciudad de Valencia el mes de Diciembre suele ser frío, es habitual ver a la gente caminar como si fueran cebollas, llevan capas y capas de ropa. Sin embargo, el mes en el que tiene lugar este cuento, en lugar de frío lo que azota a la ciudad, es una intensa e incómoda humedad.

Aquel lunes 21 de Diciembre, en dos casas diferentes el despertador sonaba a la misma hora, las 7:00 de la mañana. Las dos tenían algo en común, pertenecían a ese grupo de ángeles que son los voluntarios de la Protectora. En esas fechas, se encontraba, desgraciadamente, colapsada, los voluntarios no daban abasto para poder pasear a los perros, alimentar a perros y gatos, a limpiar, a preparar eventos para poder recaudar dinero que pudiera cubrir a los gastos veterinarios para la salud de los pobres inocentes que vivían allí.

En la primera casa, el despertador hacia que Blanca tanteara la mesita para localizar el móvil y apagar el sonido. Se levantaba con el pelo revuelto, bostezando y con el pensamiento puesto en su último día de Universidad, que como no podía ser de otra manera, había decidido estudiar Veterinaria. Ese día nada más terminar iría como siempre a ayudar a la Protectora. Sin embargo, aquel día le acompañaba la misma tristeza que se veía en el cielo con un gris plomizo que parecía bajar el ánimo de la gente, siempre que faltaba el sol y la luz, los valencianos se mostraban más taciturnos y depresivos de lo normal. Y aquel día, Blanca al pensar en ir a colaborar a la protectora se le había caído el ánimo a los pies ¡necesitaban tanto que les ayudaran que nunca parecía suficiente! Parecía que por ser Navidad todavía el ánimo caía más, tantos perros y gatos lo pasarían solos que aquel pensamiento le provocaba un dolor en el alma que tan solo aquellos que compartían su pasión por los animales y demás voluntarios, eran capaces de entender. Cargó su mochila y tras abrocharse el plumífero, ponerse el gorro se marchó decidida a alegrar a “sus animales”.

En otra casa, justo en la otra parte de la ciudad, tres gatos corrían a despertar a su dueña que trataba de dormitar cinco minutos más tras la llamada del despertador. Pero era complicado, una vez sonaba los mininos recorrían la cama hasta llegar a su cara para solicitar sus mimos mañaneros. Macu palpaba el despertador hasta apagarlo. Después, se entregaba al momento más feliz del día, mimar a aquellos tres sinvergüenzas zalameros que no la dejaban levantarse entre juegos y besos. Es bien cierto, que a lo que cualquier ser humano le cuesta desayunar, no tiene nada que ver lo que cuesta a una mamá con gatos, preparar el desayuno de los pequeños. Es todo un ritual para ellos y, Macu, con paciencia les dedica todos los días sin dejar de sonreír todo ese tiempo necesario. ¡Y cómo debe ser!, son los primeros que desayunan en la casa. Es entonces, cuando les ve comer de sus cuencos, que le llega a su mente el pensamiento de aquellos otros que en jaulas esperan su turno, bajo el frío o el calor, aquellos animales que no pueden tener el privilegio que tienen sus tres tesoros. Aquel día, iba a la Protectora, había quedado con otros voluntarios que iban a preparar comida, ella haría un gran puchero de arroz para los perros llamados “flaquitos”, que son aquellos que llegan allí desnutridos. Cada uno haría algo para llevarles, como en tantas otras ocasiones, los voluntarios preparaban comida o hacían recolecta para llevar medicamentos o hacer reparaciones o casetas para los perros. Un suspiro prolongado, hizo que Macu recordara que al día siguiente era el sorteo de Navidad, e imaginaba ¡y si tocara allí! ¡La cantidad de mejoras que podrían hacerse! Aunque la única mejora que todos aguardaban era que la gente pudiera adoptar a quienes no tenían familia.

Mientras, en el aeropuerto de Manises, Valencia, había aterrizado un avión proveniente de Canadá. Tras recoger la maleta y fundirse en un abrazo emocionado con sus padres, Javier respiró nuevamente el aire de su ciudad. La crisis había hecho que a pesar de ser un ingeniero en automóvil con una calificación alta, que su país no tuviera ni tiene y, desgraciadamente, se vislumbra que no tendrá lugar para él. Al separarse de sus padres fue cuando se percató de la ausencia de quien para él era su otro trozo de alma, su hermano. Había perdido la vida en un desgraciado accidente de moto. El trayecto hasta casa de sus padres lo hizo recordándolo entre lágrimas, había sido un gran hijo y un gran hermano, su vacío era muy persistente. Tanto fue así, que sus padres no pudieron ir a la casa que habían compartido los hermanos durante tantos años antes de irse a Canadá.

-Yo iré, no os preocupéis –les dijo con una sonrisa triste.

-Nos hemos hecho cargo de los dos perros que tiene apadrinados, pero… no hemos podido entrar en casa.
Los ojos de su madre volvieron a bañarse en lágrimas.

-Yo me haré cargo de todo, quiero que estéis tranquilos, iré a la Protectora para que me pasen a mí el cargo.

-Pero si a ti no te gustan los animales –le dijo su madre mientras se limpiaba las lágrimas.

-Bueno… ¡será el vínculo que me quedé con mi hermano!

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