A VUELTAS CON LA VIDA

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Cuando dependes de los demás para poder levantarte de una cama, necesitas que tu entorno sea lo más solidario y persistente posible ante tus negativas de vivir. Tengo mucho que agradecer a muchas personas por ayudarme en esos años de mi vida, pero hay alguien muy especial a quien quiero dedicar y agradecer lo que hizo por mí.

Gracias a mi hermano por dejar de lado su vida para encargarse de la mía, gracias por ser mi guardaespaldas en infinitas ocasiones, él, que es especial para mí no le importó quedarse en casa para cuidarme, ayudarme a vivir a pesar de los vértigos tratando de hacer mi vida lo más normal posible.
Gracias por tu ayuda es algo que jamás olvidaré, tu apoyo incondicional, tu miedo ante mis pruebas, tu pánico en la grada norte del campo de fútbol del Valencia y por tantos sustos que te di, en aquel momento nunca me dejaste sola.

EL VÉRTIGO CONSISTE
EN QUE TODO TE DA VUELTAS
EL ESTÓMAGO PARECE QUE TE VA A EXPLOTAR
Y TE SIENTES MORIR.

EL DR. BARONA ES
EL MAGO QUE DETIENE LAS VUELTAS
Y TE DEVUELVE A LA VIDA,
EL DR. QUINZA ES
LA MANO QUE TE ENTREGA LA CALMA,
Y EL DR. VILLALBA
LA VOZ QUE BUSCA EN TI LA FUERZA.

COMO UN SER HUMANO MAS

 

Mi vida transcurría de un modo muy normal. Era una niña que le gustaba poco el estudio y mucho el deporte, dedicaba más tiempo a la pelota que a los libros. Por eso cuando me llegaron las paperas me fastidió mucho más perderme la final de balonmano que tenia en el 6º curso, que los exámenes finales. Por aquel tiempo tenía doce años, y aquella infección que llegó con las paperas no llegó sola. Una noche me sacudió un mareo como si todo me lo quitaran de delante, me llevaron corriendo al hospital y el médico muy tranquilo él, dijo:

-Siento decirles que su hija ha perdido el oído izquierdo.

Cuando yo lo oí en la camilla pensé, “Dios ahora voy a ir con una sola oreja por ahí”, pero no, la oreja estaba, sin embargo, yo me había quedado prácticamente sorda. ¿Cómo lo supe?, al día siguiente de este ligero comentario, sonó el teléfono y al contestar puse el auricular en mi oreja izquierda, colgué maldiciendo al que no me contestaba, es una de las cosas que más me molestan, que me cuelguen el teléfono sin decir tan solo un “perdón me he equivocado”. Al segundo, volvió a sonar el telefóno, era mi abuela que la pobre se había desgañitado gritándome sin yo oírla. Así descubrí que mi vida cambiaría pero no sabía hasta que punto tan cruel.

Desde ese día supe que tenía que prepararme para afrontar los retos que me entregaba la vida, para que los demás no lo notaran aprendí a leer los labios, porque los compañeros de mi clase se burlaban de mí, y me llamaban “la sorda” bajo una gran risotada. En lugar de plantar cara me afectó tanto que entre lágrimas pensé que debía encontrar algo para defenderme. La solución la encontré aprendiendo a leer los labios. ¿Y cómo lo hacía? Quitaba el volumen de la televisión y fijaba mi vista en los labios de los presentadores, de esta manera me defendía pero no a todos podía engañar. Principalmente, si se ponían en mi lado izquierdo y no los veía, así era imposible leer los labios de nadie. Tampoco pude engañar a mi gran amigo y admirado Doctor Jacinto Quinzá por aquel entonces ya era muy veterano en asuntos de pillajes como para dejarse meter un gol, fue él quien lo descubrió. Los resultados demostraban que no tenía audición sin embargo le contestaba a todo, me sonrió y me dijo:

-¿ Me quieres engañar, eh?

Entonces muy sabiamente se colocó detrás de mí y me habló, ahí se acabó todo y se descubrió definitivamente mi perdida de oído… esa que yo me obstinaba en ocultar . Mi madre y la hermana de Dr. Quinzá fueron mis primeros testigos.

Para mí fue un golpe serio que me dijeran que no había ninguna manera de devolverme la audición, pero el Dr. Quinzá me ayudó a aceptarlo y a vivir con él sin darle más importancia. Así continué siendo una estudiante justita porque mi mente iba por la escritura, y era lo que me gustaba hacer perdiéndome en mis historias. Y mi otra pasión, el deporte más concretamente el baloncesto. Jugué al basket durante 10 años, intercalando algunos años como entrenadora de dos equipos de niñas. A veces el oído me jugaba malas pasadas y aparecían en mitad de un partido los acúfenos, pero lo solucionaba con un poco de algodón y volviendo a jugar. Estudié lo justo para poder empezar a trabajar como administrativa. Hasta aquí pensaba que todo estaba controlado, que la vida era una lucha para superarse pero el truco estaba en no dejarse amedrentar, había que luchar y luchar.

Supongo que como al resto de seres humanos tenía mis gustos, no muy exigentes ni complicados. Me gustaba viajar y sobre todo conducir, dar paseos por la playa y de vez en cuando perderme sola por la ciudad. Esto que a simple vista puede parecer sencillo después con el paso de los años y, el desarrollo de mi enfermedad, se me hizo muy complejo de disfrutar, porque a los 26 años se me cruzó un tal “Vertigo de Mèniére” por delante de mi vida y todo cambió.

Podría ser una historia trsite pero no quiero que se vea de este modo, más bien quiero dar esperanza a quien este sufriendo esta pesadilla y no la tenga, quiero dar animo a quien no lo encuentre pero sobre todo quiero mostrar mi relación con el Sr. Mèniére, para ayudar a quien se encuentre con este mismo señor en su vida, porque puede parecerse a estar muerto en vida, y hay alguien que sabe como terminar o al menos como intentar terminar con él.

Ahora bien, puede que le diagnostiquen muchas enfermedades, no haga caso sobre todo cuando le digan que tiene un tumor. Calma, con el señor Mèniére, siempre calma.

Alguien me dijo una vez, lo importante no es la enfermedad que sufras, lo importante es que acierten con el diagnóstico.

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